Antonio Muñoz profundiza en huellas del pasado y en los vestigios de un amor imposible

En ‘No te veré morir’, su más reciente novela, el autor español Antonio Muñoz , profundiza en las cosas que el tiempo cura y en las que el tiempo destruye

Foto: Cortesía Grupo Planeta
Foto: Cortesía Grupo Planeta

El tiempo no cura nada. El tiempo mata. El tiempo empeora y destruye. Yo lo fui aprendiendo a lo largo de aquellos años, mientras aprendía a sobrevivir en la incertidumbre”, afirma uno de los personajes clave en No te veré morir, la más reciente novela del escritor español Antonio Muñoz Molina (1956), un relato que profundiza en las huellas del pasado y en los vestigios de un amor imposible.

La novela trata de las cosas que el tiempo cura, que el tiempo destruye y de las cosas que el tiempo no cura y no destruye, para bien o para mal. Todo esto son cosas retrospectivas, porque cuando tú estás escribiendo, no piensas en nada eso; lo único que quieres hacer es inventar una buena historia, lo mejor que puedas, y todas esas cosas están de manera implícita en la escritura, pero no forman parte de la intención consciente del autor”, dice Muñoz Molina en entrevista con Excélsior.

¿Se detuvo a pensar en esa frase que define al personaje principal? “Sí, esa frase es fundamental. Pero debes tener en cuenta que la dice un personaje que ha sufrido un trauma incurable. Ese hombre ha perdido a su hija y no ha podido verla desde que era pequeña, entonces el tiempo no trae consuelo, porque hay heridas, al igual que añoranzas, y ausencias que no se curan.

En esta novela intenté estudiar cómo hay personas que, pese al tiempo (transcurrido), no se nos van de la memoria. Quizá la memoria consciente lo olvide, pero la inconsciente mantiene una fidelidad a través de los sueños y todas esas sutilezas de la psique humana son muy misteriosas y es algo que a mí me atrae como novelista”, explica.

Esto le ha hecho pensar al también autor de La noche de los tiempos “que una novela es como un sueño parcialmente controlado”.

Lo que hace el sueño, apunta Muñoz Molina, “es tomar datos de la realidad diurna y convertirnos en una narración distinta que en ocasiones parece tener un sentido; y la novela hace lo mismo: el narrador toma datos y cosas de su experiencia diurna y los convierte en un relato de ficción, pero en ambos casos hay un ordenamiento de la experiencia”.

¿Y es a partir de ese orden como reconstruye las ruinas de los personajes No te veré morir? “Hay un poema de Robert Frost, se llama The Road Not Taken, que habla de un camino bifurcado y te pregunta ¿qué habría pasado si hubieras tomado el otro? Y lo que ocurre a veces es que el camino no tomado puede tener más belleza o más ilusión, simplemente porque no lo has seguido, porque sabemos que lo real siempre es limitado y defectuoso.

Y en la novela, como género, siempre se preguntan sobre esas cosas y trata de personas que tienen algo y quieren otra cosa, aunque por querer algo más no ven lo que tienen. Quizá hay una persona que se empeña en ver lo que no existe y la novela es muy severa en eso, porque hay muchas novelas que tratan de personajes que se empeñan en lo inexistente. Piensa, por ejemplo, en Moby Dick y el capitán que persigue la maldad inexistente de la ballena”, asevera.

En el caso de No te veré morir, explica Muñoz Molina, el protagonista sabe que ha tenido una buena vida, pero tiene la inquietud de la vida que dejó atrás.

¿Es la búsqueda de una utopía? “Casi, pero ¿quién está libre de esto? En principio hay una historia de amor, pero queda cancelada y uno se pregunta ¿qué podría haber pasado?”.

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¿Considera que esos amores son ruinas sobre las que volvemos? “Si decimos ruina, parece que es algo muerto. Lo que ocurre con el amor de esta novela es que ha perdurado.

El centro de la novela es el amor, esa parte difícil de comprender y describir, que toca todo lo más íntimo del ser humano, desde lo más secreto a lo más público y que tiene una dimensión exterior. Yo creo que es la experiencia que resume todas las experiencias, porque en la experiencia amorosa se une todo lo que eres de una manera física, espiritual y moral. Es la experiencia suprema y por eso hay tantos poemas, canciones, novelas y películas que lo tocan, porque es inagotable”, concluye.

cva