Hoy se teclea no se escribe: Jean Meyer
El historiador ingresará hoy a la Academia Mexicana de la Lengua en una sesión solemne en Bellas Artes, junto con la filósofa Juliana González y el biólogo José Sarukhán

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de agosto.- “El mayor peligro y el mayor pecado que puede enfrentar la lengua frente a sus hablantes es el anacronismo en el significado de las palabras”, dice a Excélsior el historiador Jean Meyer Barth (Francia, 1942) que hoy ingresará a la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en una sesión solemne, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, junto a la filósofa Juliana González y el biólogo José Sarukhán.
“Esto lo hacemos constantemente porque cuando usamos palabras como ‘libertad’ o ‘constitución’ y las leemos en Platón, en un texto en francés del siglo XVIII o bajo la pluma de Hidalgo y Morelos, tenemos la tentación de pensar que significa exactamente lo mismo que hoy para nosotros”, asegura.
Y lo anterior sucede “aunque el historiador y el experto en Derecho saben que no es así, que la Constitución de 1917 no tiene nada que ver con la palabra constitución de la antigüedad, pues en vísperas de la Independencia los novohispanos refirieron un cúmulo de reglas, usos y costumbres y no a partir de un razonamiento intelectual”, comenta.
“Hoy en día la Constitución es todo lo contrario a usos y costumbres. En ese sentido, el historiador se siente muy cercano a los académicos de la lengua que revisan constantemente el diccionario. Pero yo me refiero al contenido de las palabras, no me meto con el tema del estilo literario. Eso es otra cosa”, aclara.
Así que el historiador acepta los cambios y la evolución de la lengua, dice Meyer, pues sabe que la historia es un flujo continuo, como decía el filósofo presocrático, quien afirmaba que uno no se baña nunca dos veces en el mismo río. “Metafóricamente, todos los días renovamos nuestra piel y en ese sentido el filósofo tenía doblemente razón, porque no sólo no es el mismo río, sino que no somos las mismas personas”.
En este sentido, el historiador no es un conservador, porque sabe que esos cambios son inevitables, no son buenos ni malos y se confirma la evolución de lenguaje, que cambia igual que todo, como el clima, la sociedad, la economía y las instituciones.
Jean Meyer es un historiador francés, naturalizado mexicano en 1979, que se ha distinguido por sus investigaciones en torno a la Guerra Cristera y la Revolución Mexicana. Es autor de Camino a Baján, El coraje cristero y La revolución mexicana. Asegura que su ingreso a la AML es un placer y un gusto, pero no un motivo de orgullo. “No me atrevo a decir de orgullo, porque no estoy seguro de que sea merecido, pero estoy muy agradecido con los académicos de la lengua porque sé que siempre tienen algunos invitados que vienen de más lejos que estrictamente la lengua o la literatura”.
RESCATAR LA HERENCIA
Uno de los cambios que más sorprende a Jean Meyer es la forma como la tecnología está modificando el pensamiento. “Aquí entramos en otro sector que rebasa las posibilidades de todas las academias. Por un lado se aprecia un cambio radical: el abandono de la escritura, pues realmente hoy se teclea… no se escribe”.
Aquí enfrentamos un cambio importantísimo de cinco mil años de humanidad, asevera, porque enfrentamos la transformación de la relación entre la mano y cierta parte del cerebro a partir de la escritura. “Pero ese desarrollo no es definitivo. Cada niño lo aprende y si se abandona la escritura y la lectura como ejercicio de largo aliento; no la lectura del Twitter, que es más bien breve y corta… es una revolución cuyas consecuencias son inevitables… pero sabemos que el desarrollo tecnológico no tiene vuelta atrás”, reconoce.
Sin embargo, acepta que como docente universitario, cada año insiste en que sus estudiantes universitarios lean en papel y escriban a mano. “Incluso dos o tres veces en el transcurso del semestre los obligo a hacer un manuscrito, durante una a tres horas, delante de mí y les insisto a que lean en papel y no sólo en pantalla”.
Y aunque quizá ésta es una batalla perdida y pareciera un académico muy conservador, “quiero decir que no estoy en contra para nada del progreso de internet y toda la tecnología, pero tampoco quisiera que se perdiera nuestra herencia anterior. Hay que sumar las dos: la herencia de cinco siglos a la nueva tecnología”.
¿Cómo definiría la lengua? “No sabría decirle… es un instrumento fabuloso y puedo decir que aunque el español no es mi lengua materna y mi vocabulario es más pobre que en francés, esa pobreza me permite escribir más fácilmente. La lengua es algo fabuloso y aunque no sabemos en qué momento de la historia biológica pasó, fue algo fantástico”.
¿Qué propuestas llevará a la AML?, se le pregunta al también autor de La tierra de Manuel Lozada. “Primero deje que conozca a mis colegas, escucharlos durante algunas sesiones y ver cómo funciona la academia, qué tareas se ha fijado y después de un año podría responder su pregunta. Hoy llego con las manos vacías y con el espíritu muy atento a captar todo. Primero aprenderé y después veremos”.
Por último, reconoce que él mismo ha acudido a la AML, cuando en sus investigaciones no ha conseguido develar el significado de palabras y frases que están fuera de uso. “Yo he sido cliente, en varias ocasiones he solicitado aclaraciones de palabras que he encontrado en manuscritos del siglo XIX que no estaban en ningún diccionario, también de alguna frase completa que no se entendía y generalmente podíamos resolverlo, pero a veces se necesita mucho tiempo para resolverlo”.
En su discurso de hoy para ingresar a la Academia Mexicana de la Lengua, Jean Meyer Barth retomará el tema del nacionalismo y el universalismo, la idea de nación y su posición frente a lo universal, así como la figura de Alejandro Rossi y la obra poética de Paul Valéry.
¿Dónde y cuándo? Jean Meyer Barth ingresará hoy a la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en una sesión solemne, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 19:00 horas.