Traza la búsqueda de la 'novelamundo'

El narrador español Andrés Ibáñez habla en entrevista acerca de su novela Brilla, mar del Edén, que creó a partir de su visión sobre la serie de TV Lost

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de noviembre.- Cuando era niño, el escritor y músico español Andrés Ibáñez (Madrid, 1961), amaba las islas que había encontrado en los libros de aventuras de Jack London, Stevenson, Verne. Así que la isla a la que llegan los náufragos en la serie Lost, además de recordarle su amor infantil, le atrajo por la “increíble libertad de la historia” —que ocurría dentro y en torno a ella—, “en la que todo parecía posible ”.

Pero en cierto momento, al darse cuenta de que la serie lo decepcionaría como espectador —y con algunas preguntas de por medio: “¿por qué los que están en la isla no quieren ayudar a los náufragos?, ¿por qué no querer ayudar al que está al lado y lo necesita?”, o en todo caso, “¿por qué ayudarle?”—, decidió escribir por su cuenta una historia a partir de Lost (en tres años y medio de trabajo intenso, escribiendo rápido y con mucha seguridad, perdiendo pocas veces el camino), y el resultado fue la novela Brilla, mar del Edén.

Desde Madrid, el autor habla en entrevista de su vasta novela —en donde insertó varios episodios como novelas independientes (replicando el modelo del Quijote, de Cervantes), y en la que aparece casi un centenar de personajes con distintas nacionalidades, costumbres e ideologías—, concebida a la manera de los escritores que él llama “novelistas enciclopédicos, del tipo Joyce, Lezama, Proust o Pynchon que no escriben novelas, sino novelamundos”, y con la que quería, ante todo, ser un narrador con “un estilo moderno, altamente lírico, pero tenso, muy poco adornado”.

¿Por qué y en qué momento decide escribir una novela a partir de la serie Lost?

Fue al terminar de ver la tercera temporada. De pronto tuve la sensación de que allí, en aquella isla, estaba la llamada Pradera Bruckner que había aparecido en mi primera novela, La música del mundo. Sentí de pronto el deseo de viajar a aquella isla para reencontrar mi Pradera y quizá a aquel que era yo entonces. Sentí, también, que la historia que contaba la serie era magnífica, pero que no iban a continuarla a mi gusto, y quise reescribirlo todo para mí.

¿Cómo surgió la estructura de “las novelas autónomas dentro de la novela principal”?

Creo que surgió de la necesidad de dar voz a otros personajes de los muchos que hay en la novela. También de un ideal de la novela como colección de textos distintos, de la novela como biblioteca, y del novelista como “imitador de voces”.

¿Había utilizado ese recurso en alguna de

sus obras anteriores?

Sí. Por ejemplo en El mundo en la era de Varick hay una novela incrustada que se llama Memorias del Barrio de los Magos, que está escrita (o dictada) por una gata.

¿Es la Historia de Wade una tentativa de escribir la “Gran novela americana”?

¡Estaría muy bueno que la escribiera un narrador español! Se trata de un homenaje, creo, a la literatura americana y a la idea de Whitman de la vida como proceso, como camino. Wade es el “hermano del viento”, la sensación del espacio y del viento corriendo por las grandes praderas, que es lo que define a América. La posibilidad de ser cosas diferentes a la vez, como por ejemplo, ser mecánico de coches y consejero literario. Tener la sensación de que la vida puede cambiar en cualquier momento, de que las cosas no están decididas de antemano. La idea de que en cualquier momento uno puede comenzar a hacer cualquier cosa nueva con enorme entusiasmo, todo eso es el espíritu de América, y la novela de Wade.

Y al escribir la Historia de Noboru, ¿pensó en hacer una novela a la Murakami?

No quise en ningún momento imitar el estilo, el tono o el mundo de Murakami. Pero creo que esa novela surge de la lectura de Subway, el ensayo de Murakami sobre los atentados del metro de Tokio, quizá porque me pareció un libro fallido. El tema de las sectas y de cómo una secta puede destruir a los individuos era central en mi libro. Quería investigar la forma en que las creencias, cualquier creencia, acaban por esclavizarnos.

Al leer la Historia de Xóchitl, que usted mismo llama “la novela mexicana”, se advierte un entendimiento bastante notable de la enrevesada y violenta situación que está pasando nuestro país, ¿Cómo fue que se documentó para escribirla?

Hay un país que no he elegido, España, y tres países que me he encontrado en mi vida y que amo profundamente: India, Estados Unidos y México. He vivido temporadas en México, tengo muy buenos amigos mexicanos (algunos de los cuales están en la novela) y siento un gran amor, mezclado con terror y tristeza, por México. Amor y admiración. Quizá por eso me atreví a escribir la novela de Xóchitl. Me documenté mucho, todo lo posible, pero nunca me habría atrevido a escribir sobre México de no tener sensaciones directas de su realidad y también indirectas, experiencias de amigos, por ejemplo.

¿Podría contar alguna experiencia que le haya tocado vivir en México?

Nunca he escrito sobre ello, pero fueron algunas de las experiencias más importantes de mi vida. La sensación de México tiene para mí una intensidad y una extrañeza incomparables. La sensación del paraíso y del infierno, la de la absoluta familiaridad y la alienación total al mismo tiempo. En México, en el DF, en Oaxaca o en San Cristóbal de las Casas me he sentido a mí mismo con una intensidad extraña. Es extraño ser español, y es muy extraño ser español en México. Es extraño ser un ser humano, y esto se nota con especial fuerza en México.

Hay un homenaje literario a Roberto Bolaño en su novela, ¿qué importancia tiene o tuvo para usted la narrativa del escritor chileno?

El mismo efecto que tuvo para cierta ciudad japonesa la caída de cierta bomba. Me hizo replantearme todo. Me dejó mudo durante años. Brilla, mar del Edén es, en parte, una crónica de todo eso.

¿Considera a la música, y a Brucker en especial, como una compañía constante de

su narrativa?

Pienso que muchas características de mi literatura vienen de mi formación musical. En la música nadie se plantea, por ejemplo, la cuestión absurda del “realismo”. No hay música “realista”. La música es un lenguaje que nos transporta a un cierto estado, un estado emocional y también un estado de conciencia. Yo pretendo hacer lo mismo con mis libros.

En esencia, parece que Brilla, mar del Edén es una y muchas historias de amor, ¿qué puede decirnos al respecto?

Me gusta esa pregunta, porque estoy de acuerdo. Hay varias historias de amor, pero sobre todo una gran historia de amor que recorre todo el libro desde el principio y se resuelve prácticamente en el último párrafo. Esta historia, sobre todo la parte en la India, al lado del Ganges, es mi parte favorita.

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