¿Se les olvida el futbol?

El campeonato Clausura 2018 pasó la frontera de la mitad y las cosas se están acomodando conforme a la constancia de rendimiento y se están quedando atrás las opiniones exageradas de las primeras jornadas. La Universidad ya va en quinto lugar; Puebla, que llegó a ...

El campeonato Clausura 2018 pasó la frontera de la mitad y las cosas se están acomodando conforme a la constancia de rendimiento y se están quedando atrás las opiniones exageradas de las primeras jornadas. La Universidad ya va en quinto lugar; Puebla, que llegó a ocupar el cuarto puesto, descendió al octavo; Necaxa, que recibe halagos constantes con Ignacio Ambriz, está en noveno y fuera de zona de clasificación; lo mismo el Morelia, que se ha llevado las palmas con Roberto Hernández y ha bajado al undécimo; el hombre de la medalla de oro, Luis Fernando Tena, no levanta al Querétaro y se ubica en décimo tercero, y en el fondo destacan Cruz Azul, con el flamante director deportivo, Eduardo de la Torre; Guadalajara, con el revolucionario Jorge Vergara, y el Atlas y su equipo de pantalón que sigue buscando descubrir el hilo negro.

Los resultados de futbol son como las vacunas. Unos cuantos marcadores, como algunas pruebas de laboratorio, no son suficientes para establecer un comportamiento y confiar en que se logrará el objetivo de ganar o encontrar un antídoto para una enfermedad. Se necesitan más y más pruebas para poder llegar a una conclusión. En el futbol, unos cuantos resultados convierten a un director deportivo en experto y a un entrenador en sabio.

 Al no tener o no querer hacer evaluaciones de productividad, muchos directores técnicos e instituciones entran rápidamente en terapia. Por haber clasificado a la fase final de rebote o casualidad, piensan que cumplieron el objetivo y enderezaron la curva de rendimiento, por lo que tendrán un futuro prometedor, cosa que casi nunca sucede, ese diagnóstico incluye a los llamados especialistas.

 Gran parte del problema pasa por la mentalidad de una mayoría de jugadores que padecieron carencias en la infancia, sin escuela, instrucción y educación, creciendo en una familia disfuncional o numerosa con severos problemas de convivencia. A esos mismos les llega la fama y no saben qué hacer con ella. Se vuelven vulnerables a la presión mediática si son transferidos a un equipo popular. El nervio de la responsabilidad con el apoyo de miles de gritos y aplausos se convierte en un paralizador de habilidades.

 ¡No se les pudo olvidar jugar al futbol!, dicen cuando un equipo pierde el conjunto y un futbolista la técnica básica hasta para dar un pase. Estímulos que no todos tienen la capacidad de respuesta como en un laboratorio. Ahí está la detección de un problema de fondo que, creo, pocas veces se contempla. Sólo así se explica por qué generaciones pasan y en los casos de Atlas, Cruz Azul y a menudo Chivas, padecen.

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