Madrazo olímpico

Las hazañas deportivas, en ocasiones, parecen generar, en los derrotados y negativos, un enorme disgusto. Por lo pronto, el inmenso logro del queretano Germán Madrazo de poder competir representando a nuestro país en el marco de los Juegos Olímpicos invernales de ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Las hazañas deportivas, en ocasiones, parecen generar, en los derrotados y negativos, un enorme disgusto. Por lo pronto, el inmenso logro del queretano Germán Madrazo de poder competir representando a nuestro país en el marco de los Juegos Olímpicos invernales de PyeongChang en la prueba de Cross Country 15 kilómetros, así como de lograr cruzar la meta en el último lugar de los que permanecieron con vida, pues dos competidores abandonaron, un español, un italiano, así como un chino que fue descalificado, quedaron por debajo del nuestro.

La gran mayoría de los comentarios que he podido rescatar en torno a su participación en los Juegos Olímpicos ha sido muy favorable, pues, dadas las circunstancias, es muy brillante, sin embargo, para algunos, está fuera de lugar, sencillamente cuestión de enfoques y percepciones. Desde mi punto de vista, es muy meritorio el haber podido calificar a la justa olímpica invernal, pues Madrazo, un gran deportista amateur, con dieciocho Ironmans en su currículum deportivo, así como infinidad de carreras de diferentes distancias y ya ni hablar de su largo historial como ciclista, le motivaron para perseguir su sueño olímpico, y vaya que lo consiguió.

A Madrazo le deben tener totalmente sin cuidado las críticas, pues el hombre desfiló en la inauguración portando con mucho orgullo un traje de charro y llevando en esa brillante y trascendente ceremonia el lábaro patrio. Ya desde ahí comenzó el triunfo. Cualquiera que ha participado en un evento deportivo fuera de nuestro país siempre lleva la bandera con orgullo en sus uniformes, miles de corredores que han acudido a los maratones en distintos rincones del mundo, así como miles de triatletas que han acudido a distintos eventos en el globo terráqueo, no me negarán que es un orgullo el llevar tu bandera, sin importar el lugar en el que cruces la meta, logrando tu propósito. Lo he visto en muchas ocasiones, todos los deportistas, los de élite de alto rendimiento, hasta el más humilde de los amateurs, siempre enarbolan su bandera y, por ende, supongo, todos se emocionaron con la proeza de Madrazo. Puedo intuir que quienes han criticado al ahora atleta olímpico mexicano, que a sus cuarenta y tres años ha dejado una historia maravillosa para todos los que sueñan con diferentes metas deportivas, les causa escarnio, pues en su vida han sabido lo que significa llegar a una meta, que no alcanzan a vibrar lo que es el deporte, pues se han limitado a verlo en una pantalla y creen que eso es suficiente para valorar o criticar.

Lanzo un reto, si acaso hacer una hazaña así es tan fácil.

¿Por qué no lo intentan?

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