Transparencia

Hemos disfrutado de un intenso fin de semana deportivo con resultados y momentos disímbolos, algunos de ellos muy emocionantes y otros francamente para el olvido. El evento que mayor cantidad de expectación y publicidad generó fue el combate entre El Canelo Álvarez y ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Hemos disfrutado de un intenso fin de semana deportivo con resultados y momentos disímbolos, algunos de ellos muy emocionantes y otros francamente para el olvido.

El evento que mayor cantidad de expectación y publicidad generó fue el combate entre El Canelo Álvarez y Julio César Chávez Jr., un atentado contra la afición que, en muchos de los casos, pagó una fortuna por estar en el recinto de esa función, una gran parodia de lo que debe ser el boxeo. Simplemente los buenos aficionados, una vez más, se sintieron ultrajados por tan pobre exhibición del hijo del gran JC. Las razones pueden ser las que ustedes digan, falta de fuerza por el terrible esfuerzo para dar el peso pactado, hasta que, en el convenio, estaba el dejarse dar una tunda, lo que pudo ser peor.

Pierde el Junior, pierde el boxeo y también pierde El Canelo, aunque se haya embolsado muchos millones de dólares, y digo que pierden porque están matando la gallina de los huevos de oro, no la finada petrolera, sino la afición mexicana que llenó Las Vegas y salió muy defraudada de un nuevo tongo.

Por otra parte, debo detenerme en el futbol nacional, en la Liga Bancomer_Mx, que llegó al final del año futbolístico con mucha tranquilidad, sin suspicacias, como las del box, y con un final maravilloso que nos tuvo al filo de la butaca, en suspenso, pues los Monarcas de Morelia estuvieron fuera por muchos minutos, mientras que los Jaguares de Chiapas parecían salvar la categoría, gracias a su triunfo ante los Rayados y, al final, todo cambió.

Afortunadamente, el proceso de jugar los tres partidos que involucraban a los equipos con posibilidades de descender, Jaguares, Monarcas y Tiburones, resultaron limpios y sin polémicas. Sin duda que un éxito para el vituperado arbitraje mexicano, que no dio lugar a dudas ni generó comentarios negativos. Es decir, el arbitraje pasó la prueba, algo muy complejo tratándose de un descenso que implica una pérdida de tantos millones de pesos. Se habla de, por lo menos, dos centenas de los del águila. Sin duda, una misión compleja, pero bien librada.

Si bien el formato de la liga o muchos otros factores, como la funesta regla 10-8, podrían modificarse, Decio de María y Enrique Bonilla pueden dormir tranquilos porque llegaron a buen puerto en ese tema del que, por cierto, hoy nadie habla, afortunadamente, pues sólo se hace cuando hay pifias que inciden en el destino.

Sin duda que la transparencia y el fair play hacen que el futbol se solidifique, y el nuestro ha dado un paso enorme y contrastante el pasado fin de semana.

¿Usted qué piensa?

¿Quién para campeón?

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