Ovación al triatlón

Apenas el fin de semana pasado el triatlón se encargaba de darnos una de las sorpresas más importantes de los últimos años en el deporte mexicano. Terminaba tercero por equipos, además de que en la categoría élite varonil obtenía por conducto del veracruzano ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Apenas el fin de semana pasado el triatlón se encargaba de darnos una de las sorpresas más importantes de los últimos años en el deporte mexicano. Terminaba tercero por equipos, además de que en la categoría élite varonil obtenía por conducto del veracruzano Crisanto Grajales un increíble cuarto lugar mundial. Algo maravilloso.

No cabe duda que hoy por hoy el deporte que mayor crecimiento ha tenido es la especialidad que conjunta la natación, el ciclismo y la carrera y, por razones del destino, lo conozco prácticamente desde que se inició con rudimentarios triatlones por allá de la segunda década de los ochenta en nuestro país.

Son casi tres décadas de este deporte en México y desde sus inicios se distinguió por tener en su organización a un grupo de entusiastas del deporte: Antonio Argüelles, Antonio Álvarez y David Álvarez, que se echaron a cuestas la responsabilidad de formar la Federación Mexicana de Triatlón, así como organizar por toda la geografía nacional eventos que se multiplicaron al paso de los años hasta nuestros días, con fechas, como el del Puerto de Veracruz, que ha llegado casi a los cuatro mil participantes.

Si bien, la Federación Mexicana de Triatlón, que preside Jaime Cadaval, ha sido apoyada con recursos federales a través de la Conade, esta institución ha logrado fondearse con mayores ingresos gracias a las cuotas que los casi 30 mil afiliados a la FEMEXTRI pagan para participar en los eventos, con una serie de beneficios como el de tener seguros de gastos médicos durante la realización de las diferentes pruebas. Es decir, no todo es estirar la mano para pedirle a papá gobierno que pague todo, lo que es habitual en la mayoría de las federaciones deportivas.

El generar ingresos a través de los eventos donde miles participan, genera en los triatletas de los grupos por edad, es decir los de a pie, no sólo la satisfacción de apoyar al deporte a nivel élite, sino que genera una identidad y sinergia digna de encomio.

El triatlón mexicano es, pues, un caso de éxito en el deporte nacional. Primero lo fue desde la perspectiva de participantes, por ende de recursos y más adelante, de logros como el maravilloso, soñado tercer lugar mundial.

Enorme el triatlón mexicano, una gran felicitación para todos los responsables de tan feliz historia de éxito. De libro de texto.

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