Del mundo… mundial III
La afición al futbol de nuestro país es de primera. Después de lo vivido en el marco de la eliminatoria mundialista, no cabe duda que tenemos una afición de dulce que quiere y estimula a sus jugadores. Nuestro equipo a lo largo de los años le ha quedado a deber a una ...

Pablo Carrillo
La neurona
La afición al futbol de nuestro país es de primera.
Después de lo vivido en el marco de la eliminatoria mundialista, no cabe duda que tenemos una afición de dulce que quiere y estimula a sus jugadores.
Nuestro equipo a lo largo de los años le ha quedado a deber a una afición que, como bien decía Su Santidad, Juan Pablo II, es “siempre fiel”.
No se podrán quejar nuestros directivos, Justino Compeán, Héctor González Inárritu, Ricardo Peláez, así como el propio Miguel Piojo Herrera, del enorme cariño mostrado por los que llenaron el Azteca.
Y honestamente que el rival no era ningún atractivo para la taquilla, a los aficionados los movió ese deseo que a todos nos une, el de ver, de una vez por todas, a los nuestros triunfando y compitiendo como ya se ha logrado hacer en otras categorías como la Sub17 y en los Juegos Olímpicos de Londres.
Sólo unos cuantos se congratulan de los fracasos del Tricolor, en particular algunos colegas cuyos traumas infantiles o falta de identidad les impiden sentir y vibrar cuando un representativo nacional es capaz de triunfar.
Esos oscuros personajes, que los hay disfrazados de mexicanos, han construido un nombre a base de denostar al muy frágil futbol nacional, nada más fácil ante un equipo que históricamente ha sido un mero comparsa en los mundiales.
Es tiempo de pensar en grande, aunque no haya mucho sustento para ello, pues aún se tienen muchas carencias en la organización del futbol nacional, quizá con la excepción de buen trabajo que algunos equipos han hecho en las fuerzas básicas. Sin duda un esfuerzo individual.
Ya se es un competidor en las categorías juveniles, ahora es tiempo de dar el gran paso hacia la élite mundial, de la que, honestamente, se ha estado cerca los últimos cinco mundiales.
Tan cerca y tan lejos
Tampoco perdamos de vista que muy pocos países han estado con firmeza en los últimos cinco Mundiales avanzando a la segunda ronda.
Insisto, tan cerca y a la vez tan lejos.
Del partido ante Israel me quedo con esa maravillosa afición, siempre fiel, siempre entregada, siempre ilusionada.
A pesar de que el partido, futbolísticamente hablando, no aporta mucho, habrá que decir que los 23 integrantes del equipo nacional acudirán a esta Copa del Mundo llenos de energía.
Se llevan el cariño de un país que en su gran mayoría aspira a verles triunfadores, a reflejarse en ellos con la capacidad de competir en las grandes ligas de la actividad que sea.
Por lo pronto, yo insisto, se vale soñar, pues además de que los sueños son gratis, cuando se llegan a cumplir, son increíbles.
¿Por qué no?