El paraíso azul

Importa poco si el equipo va para 20 años sin un título. Tampoco si se ha vuelto un coleccionista de fracasos y el lugar idóneo para que se acumulen las calamidades. Cruz Azul sigue siendo uno de los más grandes objetos del deseo para casi cualquier trabajador de este ...

Importa poco si el equipo va para 20 años sin un título. Tampoco si se ha vuelto un coleccionista de fracasos y el lugar idóneo para que se acumulen las calamidades. Cruz Azul sigue siendo uno de los más grandes objetos del deseo para casi cualquier trabajador de este hermoso deporte.

Como jugador, aseguras un muy buen ingreso mensual, y con tantitos conocimientos de administración personal podría fungir La Noria como un espacio de lujo para planear y asegurar tu futuro. Las exigencias son altas, pero el margen de error es tan amplio como casi en ningún otro sitio del futbol mexicano. Cabe más la tolerancia en esas azules tierras que las decisiones arrebatadas, que en un plano normal podría ser plausible, pero Cruz Azul no es un equipo normal. Y no lo es porque es el único que compra caro y vende muy barato. Porque compra figuras y vende jugadores medianos. Porque trae estrellas, las consiente, las mima y, sin más ni más, las presta para que vuelvan a su zona de confort (léase Roque Santa Cruz). Porque en ocasiones se necesita muy poco para ser popular, quizá el más popular del equipo (léase Alemão). En contraparte, gente de extraordinarias condiciones y de calidad comprobada (léase Torrado, Giménez, Corona, Pinto, Domínguez, Chávez y Rodríguez), son juzgados de manera muchas veces injusta.

Un paradisiaco lugar para hacer buenos negocios sin importar la calidad del producto (léase, mmm, léase, mmm… es que hay tantísimos de estos. Montones de jugadores que llegaron, cobraron, decepcionaron y se fueron, que no me alcanzaría la sección de Adrenalina para nombrar a todos).

Y sigue siendo un paradero atractivo incluso para los directivos, porque más allá de los negocios que puedan hacer, pueden desatinar de manera grotesca en la elección de jugadores y entrenadores sin que existan consecuencias.

Para el entrenador resulta, igualmente, un destino anhelado: se gana prestigio y, casi siempre, se cuenta con muy buenos planteles, pero como no hay felicidad completa, el precio que deben pagar, que es casi siempre, los jugadores no son elegidos en su mayoría por lo que dicta su lógica, su esquema táctico o las necesidades que tienen, sino las del promotor y, además, nada que no sea un título será visto por encima del hombro, sino como fracaso, saben que al llegar a Cruz Azul sólo un trofeo valida su estancia.

Sí, este rincón azul sigue resultando atractivo porque se cobra mucho, se exige poco y se gana casi nada.

Así, al único que no le ha resultado atractivo es a su aficionado.

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