De nada sirve
Olvidémonos del trámite del juego. Dejemos a un lado lo que pudo haber pasado en los 86 minutos previos. Si México tuvo suerte, da igual. Si Argentina dominó el balón y generó más opciones de gol, da igual. Si México desperdició lo mucho o poco que generó ...
Olvidémonos del trámite del juego. Dejemos a un lado lo que pudo haber pasado en los 86 minutos previos. Si México tuvo suerte, da igual. Si Argentina dominó el balón y generó más opciones de gol, da igual. Si México desperdició lo mucho o poco que generó ofensivamente, da igual, aunque en este último caso nada habría cambiado en relación a la historia de nuestro futbol a nivel de Selección. Que si Chicharito falló buenas oportunidades; si la defensa dio muestras nuevamente de vulnerabilidad o si Muñoz se equivocó, da igual. Que si Ferretti se equivocó en los cambios o el campo de juego fue, para no perder la costumbre, una verdadera porquería; que si el estadio más espectacular del mundo fue para los organizadores una nueva caja registradora utilizando como pretexto al Tri, en verdad da lo mismo.
De nada sirve el prólogo, el desarrollo de la historia o el clímax, si el final es siempre el mismo.
México no logra superar esa etapa donde se requiere concentración, manejo de partido o como quiera llamarle. El caso es que, por una u otra razón, los golpes de autoridad son en el Tri mayor como los eclipses. Contra Holanda en el Mundial de Brasil, el mismo Argentina en 2006 o Alemania en el 98. Y no será difícil encontrar ejemplos en Copa Libertadores o torneos de categorías inferiores donde a México le sacan los resultados en los últimos minutos. Algo que no suele suceder con equipos de peso completo.
El martes fue por un error individual, pero la colección contiene golazos, fallas de coordinación, injusticias arbitrales, autogoles y toda clase de calamidades. Es como si nos faltara el mismísimo cinco para el peso. Y no digo que no hemos avanzado, hay muestras claras del crecimiento de nuestro futbol a nivel de selecciones, pero el paquete debe contener todo y, en eso, seguimos cojos.
Y sí, un empate con Argentina casi siempre será un buen negocio para México, y si tomamos en cuenta la manera como venían jugando uno y otro equipo, quizá se hubiera firmado el resultado antes del silbatazo inicial resultando una buena negociación; pero seguimos sin culminar una obra que, de haberlo hecho en la mayoría de las ocasiones, una historia mucho más brillante tendríamos en nuestros libros de historia futbolera.
