Pudo ser incomparable

Una noche especial para el futbol mexicano. Una oportunidad inmejorable para dar un golpe de autoridad, de liberarse de los eternos fantasmas; de escribir una historia nueva, esa que separa a los buenos competidores de los campeones. Para ello se necesitaban dos cosas ...

Una noche especial para el futbol mexicano. Una oportunidad inmejorable para dar un golpe de autoridad, de liberarse de los eternos fantasmas; de escribir una historia nueva, esa que separa a los buenos competidores de los campeones.

Para ello se necesitaban dos cosas fundamentales. La primera, que Tigres hiciera valer la gran calidad que tiene en el plantel, en la que estaba incluida la estabilidad emocional, es decir, nada de pánico escénico. La segunda tiene que ver con un histórico rival en etapas definitivas cuando se enfrentan a equipos de Conmebol: el arbitraje.

En la primera necesidad estaba la incluida, la indispensable contundencia. Esa que suele abandonar a los equipos mexicanos en los momentos más importantes. Pero no se trata de meternos en temas de reproches o despecho, sino de aceptar que, sin eso, simple y sencillamente no es posible ganar.

Y eso le sucedió a Tigres que, habiendo hecho un mucho mejor primer tiempo que su millonario rival, se fue con un gol en contra al vestidor, y jugando a muy buen nivel en la segunda parte le clavaron dos en un abrir y cerrar de ojos. Así se escribió la historia, con el nombre del juego que muchas veces queda en el olvido de la memoria: contundencia, lo que sí tuvo el campeón libertador.

Y habrá que encontrar matices, porque en eso de la polarización somos especialistas en función de los resultados. Horas antes de iniciar el partido, Ricardo Ferretti era serio candidato al Tri; segundos después del silbatazo final, descalificaciones al por mayor sobre su capacidad y falta de ambición.

Sí, queríamos ver a Damián Álvarez o más minutos al propio Guerrón, pero no perdamos de vista que el equipo que más opciones generó fue Tigres, y las fallas individuales no están en el margen de maniobra del entrenador.

Y en esto de buscar culpables también somos muy buenos, y hay quienes ya señalan la contratación de Gignac. No, demasiado pronto para juicios tan severos a pesar de no haber dado lo que se esperaba del francés en la final.

Parecía la combinación perfecta en una noche mágica que habría dejado en el tigre la raya más importante en su piel. Ni hablar, pudo ser incomparable.

Temas: