La prensa enemiga, concepto vacío

Cada acto tiene una consecuencia y, dependiendo el sapo, la pedrada. Insostenible lo de Miguel Herrera, que seguramente la estará pasando muy mal, porque sabe que, por un arranque, por un ataque de ira, por no saber eliminar las críticas vertidas, buenas o malas, pero ...

Cada acto tiene una consecuencia y, dependiendo el sapo, la pedrada.

Insostenible lo de Miguel Herrera, que seguramente la estará pasando muy mal, porque sabe que, por un arranque, por un ataque de ira, por no saber eliminar las críticas vertidas, buenas o malas, pero críticas, sólo eso, perdió un trabajo soñado. Y sabe el propio Miguel que eso se podía arreglar de forma distinta: tenía derecho de reclamar verbalmente, pero entendiendo siempre el puesto que ostentaba y que, sin duda, ninguna limita mucho las emociones cuando tienen que ver con el odio, el rencor, etcétera.

Y esto deja una clara lección para el que viene o los que permanecen, y hablo de los jugadores que festejaron la agresión. Y cuesta trabajo creer que una reflexión tan simple no pueda ser ejecutada: bajo ninguna circunstancia debe ser celebrado un acto violento, menos, en un país que pide a gritos un estado de paz. Menos siendo figuras públicas, y mucho menos siendo ejemplo para millones.

Decio de María tomó la decisión que debía, pero esto habrá que atacarlo de raíz. Ser más profundos cuando la presión, que es fiel acompañante del equipo nacional, llegue a niveles de consideración.

Que sirva esto como área de oportunidad y profunda reflexión para los que se quedan y el que está por venir; porque debe entender, de una vez por todas, que el enemigo no está en los medios de comunicación. Que podrán existir buenos y malos análisis, buenas y malas plumas, y que con eso debe convivir, porque es parte de, porque somos los medios una herramienta indispensable; un enlace entre el jugador y el que va al estadio a aplaudirle o a chiflarle. Porque son los medios la única herramienta para poder animar a los patrocinadores a que destinen los millones de dólares que sirven para pagar sus salarios, los viajes, los viáticos, las giras de preparación de todos las categorías inferiores. Ese mismo dinero que sirve para que al seleccionado nacional se le trate como estrella mundial, y que muchos no lo son ni lo serán.

Se trata de entender que, del tamaño de sus prestaciones, salarios, y comodidades, son las exigencias, y lo mínimo indispensable es ser educado y tener la capacidad de entender en dónde están parados y qué equipo representan, pero, por encima de todo, QUÉ es lo que representan.

Qué lástima que esta novela tuvo un final prematuro e inesperado, me hubiera gustado ver más capítulos de un equipo que, al menos al interior, tenía armonía y, deportivamente, había cumplido con casi todos los objetivos. Sí, ganó jugando mal, pero cuántas veces escuchamos a los entrenadores pretextar el resultado con el funcionamiento.

Y yo, francamente, prefiero ganar sin merecer (deportivamente) que merecer y perder, de esas derrotas honrosas, tenemos ya una gran colección.

Temas: