Un buen six
Nada despreciable, la media docena que se llevó Cuba al hotel de regreso. Y no lo es, más allá de lo abultado del marcador, que en estos tiempos no resulta sencillo marcar tal diferencia, sino por la forma en que se comportó el equipo de Miguel Herrera. Sí, era Cuba, ...
Nada despreciable, la media docena que se llevó Cuba al hotel de regreso. Y no lo es, más allá de lo abultado del marcador, que en estos tiempos no resulta sencillo marcar tal diferencia, sino por la forma en que se comportó el equipo de Miguel Herrera.
Sí, era Cuba, con todas las limitantes que conocemos, tampoco es para asegurar que el equipo encontró forma futbolística y plenitud individual; el sistema de medición no es confiable, pero hemos de reconocer que fueron serios en todo momento y buscaron hacer más gordo el marcador en cada minuto de juego.
Y como lo establecíamos en la colaboración anterior, el primer juego serviría como gran herramienta para despresurizar lo que ha dejado el verano siempre y cuando jugaran al máximo de sus posibilidades sin consentir al adversario; mostrando respeto y profesionalismo, y una manera de hacer esto era buscar siempre el arco rival sin tomar en cuenta si la diferencia era ya lo suficientemente cómoda para manejar los minutos que quedaran por delante.
México fue capaz de establecer en la cancha las enormes diferencias que existen en términos de infraestructura, apoyos, economías, preparación y, las históricas, que también cuentan, y eso, insisto, sin sacarlo de la debida proporción debemos aplaudirlo.
Guatemala y Trinidad y Tobago no serán rivales tan flojos como este primero; sin embargo, tampoco deberían representar mayor obstáculo, donde lo más importante deberá ser la evolución colectiva que pueda ir mostrando el equipo de cara a las rondas definitivas donde se cruzarán con rivales que incrementarán el nivel de dificultad.
Un buen six a nadie le cae mal, pero sólo para iniciar.
