Cuba, pero no campechana
El debut de México en la Copa Oro parece tener enfrente un rival con el que podría despresurizarse Miguel Herrera y sus jugadores. Cuba, y lo digo con respeto absoluto, no debería representar mayor reto. Se aplaude el esfuerzo, además de que en estos tiempos nada ...
El debut de México en la Copa Oro parece tener enfrente un rival con el que podría despresurizarse Miguel Herrera y sus jugadores.
Cuba, y lo digo con respeto absoluto, no debería representar mayor reto. Se aplaude el esfuerzo, además de que en estos tiempos nada podemos descartar, pero más allá de una sorpresa, estaríamos frente a una película de auténtico terror.
En el papel no luce como una pelea pareja: son dos pesos distintos, con niveles individuales que no requiere de profundo análisis para darnos cuenta de que hay más y mejor calidad de este lado. Mejor preparación, bases, trayectorias, etcétera.
México llega con niveles de tensión no calculados ni esperados, pero deben tener la suficiente concentración para sacudirse, en gran medida, lo que llevamos del verano, por más que hablamos de un equipo diferente y que nada tuvo que ver con lo que se hizo en Copa América.
Se necesita seriedad para competir sin tomar en cuenta los kilómetros futbolísticos que en el papel dividen a estos adversarios, es decir, no debe ser una Cuba para tomársela campechana, sino como la gran oportunidad de establecer condiciones y poner un golpe en la mesa en términos de respeto deportivo.
El tema del ranking no debería trascender anímicamente en el grupo. No establezco tampoco que debe tomarse a la ligera, pero claro está que eso no tiene solución inmediata, además, hay que recordar que cuando México alcanzó el cuarto sitio, cuando era dirigido por Ricardo La Volpe, no parábamos de decir que era una absoluta irrealidad y que incluso equipos ubicados 10 o 15 sitios abajo, eran mejores, y que de poco servía; insisto, no se trata de ignorarlo, sólo de darle su justa dimensión al asunto.
Concentración máxima del jugador y del propio Miguel Herrera, quien deberá contener sus impulsos con los árbitros, ya que, si los del cono sur son malitos, estos se pintan solos.
