Un dedo merecedor de castigo

La Copa ha resaltado más por malos arbitrajes y escándalos que por futbol.

No vale asustarse, pero tampoco tomarlo a la ligera. El dedo que mece a Cavani no puede ser visto bajo ningún motivo como algo aceptable, por más que ocurra con frecuencia, y no tiene que ser, específicamente, un dedo en el ano del rival. Actos como éste no dignifican en lo absoluto.

No podemos hablar de “picardías” ni caer en esa ridícula frase de que lo que pasa en la cancha, se queda en la cancha. Pueden ser, sí, efectivamente, cosas del futbol, pero no por ello establecer que son correctas. Es como si aceptáramos que en México hay altísimos índices de corrupción y por reconocerlo aceptáramos que son actos lícitos.

El futbol es un espectáculo público, que lo entiendan los futbolistas y quienes justifican esta clase de cosas, y, por ende, está a la vista y crítica de todos, y un dedo en el ano del rival con motivo de provocación no tiene justificación alguna.

Conmebol, la históricamente mañosa Conmebol, no está para darle la espalda a este tipo de cosas, hoy menos que nunca, cuando se han confirmado todos los rumores que rodeaban a esta Confederación.

Por lo pronto, la Copa América ha resaltado más por malos arbitrajes y escándalos que por futbol: entre el choque de Vidal, la reacción de Neymar y su castigo, el accidente del padre de Cavani y el dedo inquieto de Jara han dado más tema de conversación que la pelota misma.

Duelos que dejan muy poco para el espectáculo: fuerza, lucha, garra, pero poco futbol en general.

Chile es el equipo que, por momentos, ha alcanzado niveles dignos de elogio, pero nada fuera de lo normal por tratarse de un equipo lleno de figuras y respaldado por su gente.

A la espera del alto nivel del continente aún; así nos mantenemos.

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