Autocrítica
Saber ganar y perder es un concepto básico de cualquier competencia, más cuando se es el líder del proyecto o del equipo. Asumir las responsabilidades es otra de las obligaciones de quienes mandan y ejecutan, ya sea para bien o para mal. Igual de importante es tener la ...
Saber ganar y perder es un concepto básico de cualquier competencia, más cuando se es el líder del proyecto o del equipo.
Asumir las responsabilidades es otra de las obligaciones de quienes mandan y ejecutan, ya sea para bien o para mal. Igual de importante es tener la capacidad de generar autocrítica para futuras acciones.
Culpar a los árbitros se ha vuelto una práctica sencilla y común, por no decir evasiva y burda, y eso es lo que ha sucedido después del juego ante Ecuador. Nada gana Miguel Herrera con buscar culpables en otro vestidor que no sea el suyo; esto provoca la liberación del jugador en términos de responsabilidad deportiva, y nada más grave que eso en función de la madurez del futbolista. Que cada uno se haga responsable de lo que hizo y dejó de hacer, que fue bastante.
Las derrotas están para ser analizadas, no para ponerles nombres y apellidos ajenos a quienes la provocaron.
El equipo estuvo lejos del nivel con todo y que se presentaba como un equipo alternativo. Faltó futbol, personalidad, mentalidad y carácter; sólo el juego ante los chilenos resultó atractivo y con diversas razones para el halago.
Que esto sea motivo de reflexión también para directivos. ¿De verdad vale la pena seguir participando así?
No dudo que exista absoluto interés en trascender, pero son ya demasiadas lecciones para entender que el prestigio tiene un costo, y el de la Selección Mexicana ha sido muy alto. No se puede seguir intentando a medias.
Hasta hoy verano triste, y nada sencillo será lo que viene en Copa Oro, así que el primer ajuste deberá ser como aquel ejercicio escolar en el que nos obligaba a escribir cien veces en el pizarrón la palabra que no lográbamos comprender: autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica, autocrítica y autocrítica.
