A todos nos queda claro la condición de favorito del Guadalajara en esta semifinal ante Santos, y aunque sabiendo que el nivel ha sido tan parejo en esta temporada que cualquier cosa puede suceder, tiene elementos a su favor que lo colocan como firme aspirante a la final. En términos generales ha sido un equipo más equilibrado con la capacidad de establecer con mayor claridad una idea futbolística; por si fuera poco tiene mejores futbolistas en el plantel.
Pase lo que pase con el equipo, la temporada es por demás decorosa: se alejó de los problemas del descenso y está entre los mejores cuatro del torneo.
Una de las claves fundamentales ha sido la congruencia en el proyecto y los tiempos perfectos para ir
coleccionando éxitos. Análisis fríos y profundos que le han permitido avanzar en su proyecto a José Manuel de la Torre, siempre cauto y alejado por la ola de triunfalismos que de pronto deslumbran tres o cuatro victorias.
Y nada debe cambiar. A Chivas le ha costado mucho trabajo recuperar identidad, un espíritu combativo, una idea futbolística y, ante todo, puntos, que son los que finalmente han hecho que se alejen de la zona más comprometida.
Escuché a Jorge Vergara hablar nuevamente de un renacimiento chiva citando al inigualable (ojalá lo entienda algún día inigualable “campeonísimo”. Aún recuerdo sus palabras después de aquel título conseguido en Toluca, donde hacía mención de aquella época dorada estableciendo una reedición y asegurando que nadie saldría del plantel. Usted conoce como terminó aquello: desbandada, pérdida de identidad, fracasos deportivos y administrativos, por decir lo menos.
Puedo entender el momento que vive y las herramientas con las que cuenta para soñar, pero hasta hoy todo se reduce a eso; un sueño, por lo que la prudencia sería finalmente, un buen aliado, porque eso es lo que hasta hoy le ha funcionado al equipo.
