¿Fiesta Grande?

Sólo 90 minutos para definir una temporada provocaría hambre.

Ya se fueron 360 minutos y muy poco hemos recibido de lo que, en teoría, debe organizar la llamada Fiesta Grande, que de eso ha tenido muy poco.

Seguimos viendo mayormente un futbol especulativo, donde el temor a la derrota es mayor a la ambición de la victoria. Los esfuerzos por no ser dañados son infinitamente superiores a los de generarlo, lo que provoca un futbol que invita a poco.

Sigo insistiendo en que un solo juego en esta fase provocaría que los equipos no ahorren energías, esfuerzos y deseos. Sólo 90 minutos para definir una temporada completa provocaría hambre de triunfo.

Guadalajara y Atlas, que nos regalaron quizás el partido de la temporada, han decepcionado a tal grado que lo más emocionante y desafiante se presentó en la conferencia de prensa de Tomás Boy y José Manuel de la Torre. De tal forma que lo mejor de la ida fueron los retos verbales que, seguramente, moverán fibras para el juego de mañana.

Sin temor alguno, podemos apostar que los juegos de vuelta serán infinitamente superiores, y no, necesariamente, tomando como parámetro los juegos de media semana, sino por la necesidad que genera la victoria, que, paradójicamente, es el principal objetivo de cualquier competencia, por más que muchos equipos aparenten lo contrario.

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