Pagan por verlo perder

Sigue siendo el torneo mexicano uno incluyente y que no discrimina. Todos caben sin importar si cumplieron con los requisitos, faltando cinco jornadas para que concluya la fase regular o cinco minutos. Y con el paso del tiempo podemos confirmar que importa poco quién llega ...

Sigue siendo el torneo mexicano uno incluyente y que no discrimina. Todos caben sin importar si cumplieron con los requisitos, faltando cinco jornadas para que concluya la fase regular o cinco minutos. Y con el paso del tiempo podemos confirmar que importa poco quién llega fuerte o débil; a quién ubican como el gran favorito o la víctima perfecta. Nada importa porque en la fase final todos comienzan de cero, de tal forma que los deseos y los temores son los mismos. Vemos que los grandes se encogen y los considerados chicos se hacen tan grandes como sus ilusiones.

Del liderato pocos recuerdos quedan, claro está que, de terminar Veracruz en tal posición, será un motivo más para hacer un esfuerzo de memoria en algunos años para darle el justo valor a la campaña regular sin importar lo que suceda en la Liguilla, porque muy claro es que nadie los tenía considerados para tal posición, y que bastante ya hicieron consiguiendo la salvación de forma temprana.

Para Puebla y UdeG será el último fin de semana con la etiqueta de primera categoría. Y todo indicaría que el León no era como lo pintaban algunas jornadas atrás, cuando se consiguieron victorias consecutivas y nos obligaban a elegir a los poblanos, que si bien es cierto están cerca de librarla nuevamente, cierto también es que no abandonarán esa posición con gran facilidad, porque su historia reciente parece condenarlos. Demasiadas manos en el equipo: gobierno, empresarios, dizque empresarios, pleitos legales, demandas, directivos inexpertos, incapaces y toda clase de calamidades que hacen al Puebla de hoy una franquicia poco atractiva.

Termina una campaña que en general no ha sido mala, pero viendo el estado actual de los que participarán en la Liguilla, todo puede suceder y nada sería sorpresivo.

Lo que sí resulta sorpresivo y paradójico es que, por un lado, la gente siga criticando el estilo de Floyd Mayweather Jr. por aburrido y no procurar el espectáculo y, por otro, hacen lo imposible por pagar cifras estratosféricas con tal de conseguir un boleto para verlo en vivo, o bien, continúan desembolsando su dinero para contratar el Pago Por Evento. ¿Y sabe por qué lo hacen? Porque no pagan por verlo pelear ni ganar, la mayoría paga por verlo perder, algo que sólo los grandes logran, tan grandes como el todavía invicto campeón del mundo. Y serán los mismos aficionados quienes repitan la dosis una vez más, aunque más han perdido pagando por ese deseo.

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