Adiós, Cuau
Quizá no le hemos dado la dimensión correcta al asunto, y tal vez sea por esta mala costumbre de no reconocer el talento de otros. Llámele envidia, egoísmo, ignorancia o hasta un asunto cultural, pero eso del homenaje no se nos da muy a menudo. Cuauhtémoc Blanco, ...
Quizá no le hemos dado la dimensión correcta al asunto, y tal vez sea por esta mala costumbre de no reconocer el talento de otros. Llámele envidia, egoísmo, ignorancia o hasta un asunto cultural, pero eso del homenaje no se nos da muy a menudo.
Cuauhtémoc Blanco, independientemente de si nos cae bien o mal, ha sido el más reciente genio nacido en el futbol mexicano. Hablo de su talento para jugar al futbol, de sus dotes técnicos, de su indiscutible capacidad para crecerse al castigo. Hablo de su inconmensurable carácter para salir adelante sin importar el tamaño del oponente. De su capacidad para administrar la presión y convertirla en motivación, porque mientras más alto era el reto y más grande la piedra que debía cargar en la espalda, más lo gozaba, y no sólo eso, sino que mejor lo hacía.
Genio y figura y muy afín al desfiguro. Tan capaz de enamorar con la pelota como para hacerse odiar sin ella. Y sí, muchas veces alejado del buen ejemplo o los buenos modales, pero en lo que concierne al futbol y su manera de jugarlo, el último gran virtuoso.
Podría escribir esto uno de sus amigos, porque eso soy, pero lejos de estimas personales, cada una de estas letras fluyen respaldadas en la realidad, en lo que hizo, en cómo lo hizo y lo que logró. Y mire cómo podría ser ingrata la profesión que sólo un título de Liga pudo levantar, y en términos generales, lo que presume en sus vitrinas personales se queda muy corto en relación a lo que alcanzó en el futbol profesional.
Podemos decir que su estadía en el futbol fue algo así como la permanencia voluntaria y se extendió más de lo que debía, pero sólo él y sus piernas lo saben.
Quizá hoy no, pero el tiempo habrá de decir claramente que lo vamos a extrañar, porque han pasado muchos años y veremos otros más transcurrir antes de tener otro como él.
Único en su tipo, hecho en Tepito, con el corazón grande y bravo, como su barrio.
