“Dos a cerou” again
La peor racha histórica sin poder vencer a Estados Unidos, eso significó la derrota del miércoles en San Antonio, entre otras cosas. Una más podría ser que Jürgen Klinsmann sigue siendo una especie de maldición, algo así como el superheroe invencible que aún no ...
La peor racha histórica sin poder vencer a Estados Unidos, eso significó la derrota del miércoles en San Antonio, entre otras cosas. Una más podría ser que Jürgen Klinsmann sigue siendo una especie de maldición, algo así como el superheroe invencible que aún no sabe lo que es perder contra México como entrenador, así como lo fue de jugador. Y por si fuera poca cosa, otra vez es “dos a cerou” que cantan los norteamericanos en la tribuna orgullosos de la paternidad. Y es que con este resultado son ya ocho derrotas con ese mismo resultado en 23 enfrentamientos desde el año 2000, de las cuales, cuatro han sido en Columbus, Ohio, la casa del terror para la selección mexicana.
Sin embargo, habría que darle su justa dimensión a esta nueva derrota. Sabíamos que perder estaba muy visible en el abanico de posibilidades, y es que si México no ha podido ante Estados Unidos con el equipo titular, por qué habría de hacerlo cuando vestidos de verde hay tantos debutantes y la gran mayoría no hubieran sido considerados con una convocatoria normal. Es decir, si perdemos con el equipo A, por qué sería diferente con el C.
Con todo y todo, México estuvo muy por debajo de lo que nos hubiéramos podido imaginar, sobre todo en el segundo tiempo donde jugó muy mal. Un equipo extraviado en temas como talento, orden y capacidad. Capacidad anímica para reponerse del gol apenas arrancando la segunda parte. Capacidad para generar oportunidades al frente. Capacidad para hacer circular un poco más la pelota con todo y las terribles condiciones de la cancha, incluso capacidad para asimilar la derrota para entonces evitar insultar y buscar pretextos como el riego de la cancha al medio tiempo. Y lo que son las cosas, aceptan jugar en un terreno de juego en terribles condiciones, incluso, diciendo que no estaba tan mal, pero se quejan del riego en el intermedio.
Ahora bien, habremos de darle su justa dimensión a la derrota; no se trata de un punto de quiebre en la era de Miguel Herrera. No marca ninguna dirección ni tendencia, así que no debemos sacarla de una derrota más. Y no se trata de ser conformistas, sino realistas: entender que con equipos tan parchados no se puede competir y a futuro pensar más de dos veces si partidos con tantas complicaciones, merecen ser disputados.
