El autocompasivo Cruz Azul

Convertirse en un coleccionista de fracasos y derrotas no es un proceso que tenga que ver con la fortuna; para pertenecer a este club se requiere un sinfín de decisiones erróneas, de proyectos fallidos y de gente que no ha sabido estar a la altura de las exigencias. Nada ...

Convertirse en un coleccionista de fracasos y derrotas no es un proceso que tenga que ver con la fortuna; para pertenecer a este club se requiere un sinfín de decisiones erróneas, de proyectos fallidos y de gente que no ha sabido estar a la altura de las exigencias.

Nada llega por casualidad, y hace falta mucho más que el esfuerzo para alcanzar objetivos. Se requieren talento, visión, conocimiento, audacia y muchas otras cosas que en Cruz Azul no se asoman frecuentemente.

Uno de sus muchos problemas es ser autocompasivo, y lo digo porque no es la primera ocasión que escucho a dirigentes manifestarse en ese tono. Ahora le tocó a Agustín Manzo, quien luego de la derrota en el clásico joven frente al América, dijo que el equipo llevaba buen ritmo, que clasificaría y que la falta de gol no le preocupaba, que estos llegarían tarde o temprano y que, “cayendo el primero, vendrían los demás”.

¿En verdad es este el análisis más serio posible? ¿Acaso no significa nada ser la tercera peor ofensiva del torneo? Qué certeza puede tener el aficionado celeste sobre esta hipótesis de que, cayendo el primero, los demás se dejarán venir como cascada.

Eso se llama ser autocompasivo, y de esto hace mucho que está enfermo este equipo. Súmele la muy desafortunada gestión de contratación de refuerzos extranjeros y el abandono del proyecto de fuerzas básicas, entre otros.

Aquí no valen los frecuentes dobles discursos utilizados en el futbol mexicano, que implican un regaño hacia adentro y un apapacho público. En Cruz Azul hace mucho que no funciona. El mensaje tiene que ver con el compromiso que se asume al representar una institución que de grande sólo le quedan los fracasos y los desatinos.

Y no se trata de salir a mentar madres y señalar culpables, pero tampoco de minimizar las cosas y restarles importancia.

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