Polémica en puerta
Todos, en algún momento, terminamos siendo presos de nuestras palabras, y es natural, ya que vamos creciendo y adoptando experiencias que muchas veces modifican nuestra forma de pensar y, por ende, de expresar lo que pasa por nuestras cabezas. Sucede mucho con los ...
Todos, en algún momento, terminamos siendo presos de nuestras palabras, y es natural, ya que vamos creciendo y adoptando experiencias que muchas veces modifican nuestra forma de pensar y, por ende, de expresar lo que pasa por nuestras cabezas.
Sucede mucho con los entrenadores nacionales. No conozco uno que no haya declarado que estarán en sus convocatorias únicamente los mejores futbolistas o, en su caso, mencionan un requisito que parecería indispensable: jugar al futbol. El primer concepto, esto de “los mejores”, es ambiguo y debatible, porque no necesariamente el mejor jugador para unos lo es para otros, pero finalmente recae todo en el gusto del entrenador; pero sobran los ejemplos de aquellos jugadores que, permaneciendo más tiempo en la banca que en el campo, son tomados en cuenta, y no sólo eso, sino ocupando puestos titulares, pero con todo y esto de la inactividad, por lo general terminan marcando diferencia, y hablo de los jugadores mexicanos que juegan en Europa.
Viene todo esto a la pregunta de ayer en la conferencia de prensa de Miguel Herrera sobre las presiones que podría recibir para no llamar a Alan Pulido por el conflicto que mantiene con Tigres. Negó de inmediato y sólo puso como condicionante que jugara, cosa que va a ocurrir. Llegará el momento en que sabremos si hay o no un tema extrafutbolístico que debamos incluir en la discusión.
Lo que no tiene discusión alguna es que, a pesar de severos tropiezos, seguimos viendo al futbol de Concacaf por encima del hombro, y lo digo a nivel de Selección Mexicana como en clubes. El Impact de Montreal ha vuelto a darle una cachetada directa a ese rostro soberbio que muchas veces tiene nuestro futbol.
Los errores deben ser analizados para que se conviertan en experiencias y, a su vez, como herramientas de mejora, no como simples accidentes, mismos que cada vez son más frecuentes. Aprendamos que el mismo respeto que alguna vez se exigió y se ganó en la Copa Libertadores, lo solicitan y lo ganan los integrantes de la Concacaf.
