Aún duele

Por más que han pasado los días no dejo de pensar en lo sucedido el pasado martes en la ciudad de Dallas. Nos vuelve a pasar lo mismo. Con el rival de siempre, sin importar el escenario, el día o la hora. Pareciera que contra Argentina nunca podremos ganar. Apenas una ...

Por más que han pasado los días no dejo de pensar en lo sucedido el pasado martes en la ciudad de Dallas. Nos vuelve a pasar lo mismo. Con el rival de siempre, sin importar el escenario, el día o la hora. Pareciera que contra Argentina nunca podremos ganar.

Apenas una victoria en los reciente 25 años, cifra que ejemplifica a la perfección el trabajo que nos cuesta vencer a la Albiceleste.

Ciertamente la distancia ha estado históricamente muy marcada, es imposible comparar la calidad entre una selección y otra. Por eso da más coraje saber que las oportunidades de ganarles han existido, pero no se han aprovechado.

Y el miércoles en el estadio de los Vaqueros fue una de esas, una de tantas en las que el Tricolor tiene todo para liquidar al rival y se le perdona.

No quiero decir que se fue mucho mejor que los argentinos, porque sería caer en la exageración. Es más, basta con recalcar que Moisés Muñoz fue la figura del Tricolor para confirmar que tampoco se fue tan superior.

Pero si, por lo menos, tuviste posesión de balón, mostraste intensidad y variantes suficientes como para quedarte con el triunfo, aun así no lograste ganar y es lo que más coraje da.

No compro el verso, aunque lo respeto de aquellos que dicen que al ser un partido de preparación importaba más la forma que el resultado. Y no lo compro, porque simplemente es muy distinto llegar al juego más importante que es el del 10 de octubre sabiendo que le ganaste a Argentina en tu último partido de preparación.

Ahora es tiempo de aprender que para ganarle a las potencias se tiene que mantener un buen nivel desde el primer segundo hasta el último. Y esa regularidad no la termina por mostrar nuestra Selección.

Seguimos cometiendo ese maldito error que nos hace caer en la desconfianza, luego viene el empate y, a veces, hasta la derrota. Son desatenciones puntuales y errores costosos.

Un error como el de Moisés Muñoz sale muy caro ante una  selección que tiene todo el talento para aprovechar el regalito y ponerte el balón dentro de la portería.

Y no quiero responsabilizar al portero del América del resultado final, sería injusto de mi parte porque, sin duda alguna, fue el mejor futbolista de la Selección Mexicana.

Así como él se equivocó en una jugada que terminó en gol, otros se equivocaron de la misma manera en jugadas claras que no pudieron finiquitar de forma correcta.

Urge corregir el tema de la definición, porque no se puede ser tan poco efectivo de frente al arco. No puedes generar tantas y terminar tan pocas, por lo menos, hubo dos más que debieron ser de gol: un mano a mano del Chicharito que define de forma pavorosa, enviando por encima de la portería de Nahuel Guzmán, y la otra de Guardado, que no empalma de forma correcta y pasa por un costado del arco argentino.

Estas jugadas se terminan lamentando al conocer el resultado final, al darte cuenta de que terminaste empatando un partido que, en algún momento del juego, pudiste ir ganando por tres goles.

Ahora esos errores se deben analizar hasta el cansancio y corregirlos a la brevedad, para que ante Estados Unidos y durante la eliminatoria no te quedes con la frustración que nos dejó el último partido de preparación.

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