Misión Chicago

El fuerte viento nos confirma que hemos llegado a Chicago. Aquí, por fin se acerca la tan anhelada Copa Oro. Imposible no recordar, cuando uno pisa esta ciudad, dos capítulos que involucraron a la Selección en esta competencia. La dolorosa derrota en la final de 2007, ...

El fuerte viento nos confirma que hemos llegado a Chicago. Aquí, por fin se acerca la tan anhelada Copa Oro.

Imposible no recordar, cuando uno pisa esta ciudad, dos capítulos que involucraron a la Selección en esta competencia.

La dolorosa derrota en la final de 2007, con un equipo partido por la poca relación que existía entre jugadores y cuerpo técnico.

Un partido que, durante gran parte, estuvo en el alambre. Que se fue a tiempo extra y que un golazo clásico en nuestros fracasos mató todo tipo de aspiraciones.

Recuerdo bien aquel día caluroso. Con un Soldier Field a reventar que quedó impávido tras esa frustrante eliminación de la Selección Mexicana.

Pero afortunadamente esta sede también nos trae buenos recuerdos de la Selección Mexicana. Basta con acordarnos de la brillante participación de 2011 con el Chepo al frente de aquel grupo.

En esa ocasión, en este mismo estadio, Andrés Guardado le marcó un golazo a la Costa Rica, de Ricardo La Volpe. El Tricolor exhibía un futbol brillante y apabulló a los ticos, que tantas ganas tenían de eliminar a los nuestros.

Se llegó hasta la final caminando y se ganó el título en otra ciudad, con un golazo que siempre recordaremos de Giovani dos Santos.

Vaya que Chicago, es una ciudad de gratos y tristes recuerdos para el Tricolor.

Ahora, está por llegar el momento de abrir un nuevo capítulo en esta majestuosa ciudad estadunidense.

Que esperemos termine en un final feliz. Por lo pronto, los dirigidos por Miguel Herrera tienen la obligación de mostrar una mejora en su funcionamiento. Tiene que ser abismal la diferencia con relación a lo mostrado en los dos partidos de preparación.

Ante Cuba no pueden tener piedad. Deben acribillar al rival y aprovechar que es, quizá, el equipo más limitado de la competencia para arrancar el camino con un golpe de autoridad.

Es tiempo de que el equipo funcione como tal, que se exhiba un futbol brillante y contundente.

Que se vuelva a demostrar que México es el verdadero mandón de la zona. Es momento para que el tricolor confirme que tiene los argumentos suficientes para volver a conquistar un título que hace años era cuestión de trámite.

Entiendo que los rivales han crecido, pero eso no debe ser suficiente para pensar que México no tiene la obligación de ganar un título que le dará medio boleto para asistir a la próxima Copa Confederaciones.

No hay pretexto alguno, a partir de mañana la Selección tiene que ganar, sí o sí. Sin pretexto alguno.

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