Cambios de estructura
Con el bicampeonato obtenido por el León culminó el domingo un torneo más del futbol mexicano, una temporada que, en general, decepcionó por el bajo nivel de juego mostrado por la mayoría de los equipos. Mientras observaba el festejo me puse a pensar y algo me ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Con el bicampeonato obtenido por el León culminó el domingo un torneo más del futbol mexicano, una temporada que, en general, decepcionó por el bajo nivel de juego mostrado por la mayoría de los equipos.
Mientras observaba el festejo me puse a pensar y algo me preocupó, los Esmeraldas no estuvieron ni cerca de ser uno de los mejores equipos de la campaña, terminando a 13 puntos del líder general y obteniendo apenas 23 puntos de 51 en disputa durante las 17 jornadas. No pretendo restarle méritos a su triunfo, pero no habla bien de nuestro futbol.
Si a esto le sumamos lo conseguido en la liguilla, el León se convirtió en el campeón con la efectividad más baja de la historia en el futbol mexicano. Queda en claro que hay cosas por mejorar.
Sé bien que muchos hablan de la competitividad del certamen nacional y mencionan que la liguilla es necesaria para tener mayores emociones que las que se viven en torneos como los que se disputan en Europa, ¿pero a costa de qué? Esto simplemente maquilla nuestra realidad, como un país que está muy lejos de la élite mundial.
Es curioso escuchar los discursos de quienes defienden el sistema que tenemos, al mismo tiempo que critican de manera mordaz que seguimos viviendo de la esperanza de un quinto partido para nuestra Selección
y que cuestionan la calidad de nuestros equipos cada vez que son eliminados de la Copa Libertadores o que hacen un papel poco decoroso en el Mundial de Clubes.
Eso es contradictorio, cómo esperar mejores resultados si se fomenta la mediocridad. Así veo lo sucedido con el triunfo del León, que consiguió apenas 49% de efectividad en el Clausura 2014. Esto le muestra el camino al resto de los participantes: no es necesario buscar la excelencia y con muy poco puedes terminar levantando el trofeo de campeón.
Cuando combinas esto con el miedo a perder con el que viven los técnicos en México, que saben que en los torneos cortos su despido está a la vuelta de la esquina con una racha de resultados poco positivos, entonces el resultado es un torneo regular soso y aburrido. Sin olvidar que ese mismo temor propicia pocas oportunidades a los jóvenes futbolistas, frenando su desarrollo y, por ende, el de nuestras selecciones.
Nos conformamos con un producto de baja calidad con tal de vivir tres semanas de supuesto futbol de alto nivel durante la liguilla. Mientras sigamos por este camino no podemos esperar mejores cosas, bien lo dijo Albert Einstein, si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.
Aquí se espera que con las mismas ideas que han retrasado la evolución del futbol, se pueda pelear por un Mundial. Algo no se ha hecho correctamente para encontrarnos en el mismo punto que hace 20 años, lo conseguido en Estados Unidos 1994 fue lo mismo que en Sudáfrica 2010.
Se necesitan cambios estructurales que permitan aprovechar al máximo el gran talento que aquí se pierde fácilmente, una vez que se malea dentro de un torneo poco exigente y que no soporta proyectos a largo plazo.