Objetivo claro
Tres meses del año se han ido volando y el calendario de la ATP también camina con fuerza hacia los primeros torneos de relevancia en Europa. Mientras varias de las mejores raquetas del planeta se preparan para encarar un fin de semana de Copa Davis, vale la pena hablar ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Tres meses del año se han ido volando y el calendario de la ATP también camina con fuerza hacia los primeros torneos de relevancia en Europa.
Mientras varias de las mejores raquetas del planeta se preparan para encarar un fin de semana de Copa Davis, vale la pena hablar de lo que Novak Djokovic consiguió durante marzo en territorio de Estados Unidos.
El serbio tuvo cuatro semanas para el recuerdo, igualando a Roger Federer como los únicos jugadores en ganar el doblete de Indian Wells y Miami por segunda ocasión en su carrera, dejando atrás los sinsabores sufridos en enero y febrero.
La temporada no comenzó como quería. Perdió en cuartos de final del Abierto de Australia en un épico encuentro ante el eventual campeón Stanislas Wawrinka. Siguió su eliminación a manos de Federer en el Abierto de Dubai en un partido de semifinales.
Pero el número dos del planeta ya no es aquel jugador de años atrás, que caía fácilmente en la desesperación o que perdía la creencia en los dotes que lo hacen un gran tenista. Siguió trabajando con una firme idea: recuperar el primer lugar del escalafón mundial.
Poco a poco esto se ha hecho evidente. La primera muestra llegó con el Masters 1000 de Indian Wells, disputado en el desierto californiano.
Apretadas victorias en todas las rondas dejaban ver que se encontraba ya en excelente condición física; a la vez, su juego todavía necesitaba trabajo.
La semifinal ante John Isner fue una enorme prueba que serviría de preámbulo para la gran final, en la que se levantó de haber caído en el primer parcial ante Federer. Fue en ese partido ante el suizo que pudimos ver indicios de que algo inclusive mejor estaba por venir.
Mientras que en el triunfo en California necesitó jugar tres sets en cinco de los seis partidos, en Miami eliminó a todos sus rivales en únicamente dos. Es cierto que obtuvo un par de victorias sin siquiera tener que jugar, pero cuando fue necesario saltar a la cancha, superó ampliamente a quien enfrentó.
Como ejemplo, su sólido triunfo sobre Andy Murray en cuartos de final. Aunque la más clara evidencia de su gran nivel fue en la final ante Rafael Nadal.
En la edición 40 de una de las grandes rivalidades del tenis, no le dio ninguna oportunidad al mallorquín, llevándose el primer set en tan sólo 39 minutos, con un servicio consistente y excelentes devoluciones.
El segundo parcial fue más peleado, pero también Djokovic fue muy superior. Ahí siguió sacando muy bien y le ganó como tantas veces lo ha hecho el español, convirtiéndose en una pared y utilizando de manera casi perfecta su golpe mortal, el revés a dos manos.
Así se quedó con el trofeo de campeón, ganando como pocas veces se ha visto. Sin duda alguna de quien fue el mejor entre los dos y nunca permitiéndole a Nadal la oportunidad de meterse en el juego. El objetivo es claro, recuperar la cima del tenis mundial, de seguir como lo vimos estas cuatro semanas, esta meta podría convertirse en realidad antes de que finalice el 2014.