¡Esto no es futbol..!

La habilidad digital de la virtuosa pianista y compositora japonesa Hiromi Uehara extasió a millones de televidentes durante el ceremonial de inauguración de los Juegos Olímpicos Tokyo 2020. La armonía y energía tocó las fibras más sensibles del espíritu. Sus ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

La habilidad digital de la virtuosa pianista y compositora japonesa Hiromi Uehara extasió a millones de televidentes durante el ceremonial de inauguración de los Juegos Olímpicos Tokyo 2020. La armonía y energía tocó las fibras más sensibles del espíritu. Sus manos se deslizaban por las teclas blancas y negras y brotaba alegría, ritmo, emoción. Uehara tiene 42 años de edad. Aprendió música clásica a los 6 años. Significa que el cadencioso sonido jazzístico lo ha cultivado durante 36 años. Refiere el escritor argentino Jorge Luis Borges que le preguntaron al pintor Whistler cuánto tiempo había requerido para pintar ese cuadro tan hermoso, al que le había dado el último pincelazo. Whistler respondió: “¡Toda una vida!”, expresión reflejante en exactitud a la suma de años, experiencia, técnica, conocimiento, madurez que conducen al perfeccionamiento.

Vivimos inmersos en un entorno de simulación, engaño, violento, acentuado de impunidad y descarado cinismo cuajado de vulgaridad, en el que los políticos, sin cumplir con el deber de servir a la sociedad, han enseñado el camino fácil para adueñarse de poder y riqueza. Ese camino fácil ha repercutido en una cultura light que ha fluido y empantanado diversos estratos sociales; políticos, gobernadores, jueces… y otras esferas, como la percepción deportiva. El resultado-espectáculo que nos ofrecen los JO, la manifestación más importante y trascendente del planeta que reúne cerca de doce mil o más deportistas de 200 países. Ningún otro deporte se compara ni alcanza el rango cosmopolita, atractivo, belleza, lozana juventud y, sobre todo, en generar héroes inmortales que transfieren valores de emulación, coraje, grandeza, inteligencia, fuerza, audacia, tanto a los atletas como a los ciudadanos de todo el mundo.

¡Ridículo, risible! creer que en tres años pueda registrarse un cambio en un país con un futbol que tiene 92 años de no alcanzar el quinto partido y un deporte olímpico con más de medio siglo sin poder igualar los resultados de México 68. Esa cultura light, que debe lavarse con el ácido más fuerte, de la mentalidad triunfadora, el sí se puede, el echarle ganas, los merecimientos, la estolidez del sacrificio —entre los griegos, hecatombe era el sacrificio de cien bueyes—, han distorsionado y falseado la idea del esfuerzo, la valoración y comprensión del deporte.

El cambio no es únicamente en el deporte, ¡es global! Incluso en lenguaje, ideas, respeto. Alguien cree que con la posición 84 de México en Tokio, algún entrenador —sin olvidar la excepción de Sobrino en Australia y Salazar en Egipto— metodólogo, sicólogo, comunicador, deportista, ¿puede exportar y convencer para que incorporen la hueca hipótesis de la mentalidad triunfadora, en Europa, Asia, Norteamérica, del sí se puede, los merecimientos, el ya nos toca, como preconizan algunos jilgueros del futbol? ¡Así, ni en 500 años!

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