Desprecio a los valores humanos y deportivos
El lector recuerda la forma como algunos hierofantes del futbol y el boxeo emplean o empleaban el condicional en sus afirmaciones, más absolutas que la velocidad de la luz. Si ataca, y en la medida de,… y si la defensa los contiene, se puede ganar el partido. Si lo boxea ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El lector recuerda la forma como algunos hierofantes del futbol y el boxeo emplean o empleaban el condicional en sus afirmaciones, más absolutas que la velocidad de la luz. Si ataca, y en la medida de,… y si la defensa los contiene, se puede ganar el partido. Si lo boxea y esquiva el puñetazo que aquel lanza con la potencia de la bala de un cañón... Y la frase flotaba en el limbo, meciéndose, endulzando las orejas de la manada. El resultado se ajustaba la frase de tal manera que el periodista-hierofante nunca perdía una.
Hay personas que escuchan y leen lo que quieren escuchar y leer. Y esto le sucede a plebeyos y aristócratas. Refieren que Creso, el rey de Lidia, a las orillas del río Halis, listo a enfrentar a los persas, envió un mensajero a consultar al Oráculo de Delfos. Y la Pitia con el primer plato de aquellos hongos alucinógenos que sólo se dan cerca de Eleusis y en Oaxaca, respondió: “Si cruzas el río destruirás un gran imperio”. Y Creso lo cruzó y fue derrotado, efectivamente, destruyó un imperio, el suyo.
El sábado 17 de mayo El Tata Martino se despidió del Barcelona. Y si Sergio Ramos no anota en el minuto 93, Ancelotti ya habría sido despedido del Real Madrid e Iker Casillas, sin necesidad de la mala leche de Mourinho, sería el chivo expiatorio, y Diego López la nueva esperanza bajo los palos. Se escucharían las notas del arpa de Florentino Pérez como cuando destituyó a Del Bosque.
La suerte del Tata Martino ya estaba decidida aun antes del juego contra el Atlético. En el minuto 48, el Barcelona, con el gol de Alexis, tenía el título en sus manos. Ya era el rey. Se le esfumó al Barça con el testarazo de Godin. Si Godin no acierta, habríamos presenciado algo de lo más absurdo. Un adiós y despedida con el título de campeonato. Sin relación con el resultado. Zubizarreta le dio una palmada en el hombro, lo elogió como entrenador y por debajo de la mesa, el Club le dio una patada. No digirieron ni le perdonaron al Tata perder el título de liga ni la eliminación de la Champions League. ¿Fue mala su actuación?
El futbol se maneja bajo otros esquemas alejados de los criterios deportivos. Se actúa bajo momentos de euforia y depresión, ligado a los intereses comerciales y a los medios de comunicación y con la idea de que la victoria es lo único. Los mandamás de equipos son huecos y artificiales.
Los clubes poderosos económicamente le dan veracidad a su pensamiento porque, por ejemplo, en España y en otros países no hay de hecho competencia. Es un águila o sol al Real Madrid o al Barcelona. Cada diez o 15 años aparece un Atlético o resultados adversos como aquel del Real ante el Alcorcón.
Son clubes que han fortalecido su clase y nivel a través de muchos años, con la compra de grandes astros que marcan un desequilibrio competitivo. Decisiones como la de Florentino Pérez con Vicente del Bosque, que después logró el sueño español en el Mundial —transformó a La Furia en La Roja— hablan del aspecto crudo y cruel del futbol como negocio y desprecio a los valores humanos. Nerones que tocan la lira con un escudo en la túnica.
Al terminar el sábado en Lisboa la final de la Champions League, que fue presenciada por 380 millones de televidentes de 200 países, Florentino, en un rapto de soberbia, declaró: nada debe ser imposible.
Antes de pronunciarla Ancelotti, en el minuto 92, veía cómo pendía de un hilo, bajo su cabeza, la espada de Damocles.