Negresco

Al tricampeón mundial Jack BrabhamAustralia. Abril 2, 1926Australia. Mayo 19, 2014 Nada de negro. Es Azul. Azul la letra, el fondo y la pantalla. Azul el salón y azul usted. Es el mar, es el cielo. Una avenida y su camellón. Flota el aroma de costanera… Hay una ...

Al tricampeón mundial Jack Brabham

(Australia. Abril 2, 1926-Australia. Mayo 19, 2014)

Nada de negro. Es Azul. Azul la letra, el fondo y la pantalla. Azul el salón y azul usted. Es el mar, es el cielo. Una avenida y su camellón. Flota el aroma de costanera… Hay una cornisa, gira a la izquierda y allí está: el peñón.

Abundan las grandes piedras y en donde reina la mayor, la del monte Carlo, fue que él fijó su atención. Abrió de par en par las entradas para recibir a sus colegas, piratas y malandrines, que pronto sometieron todo rastro de autoridad, y a los soldados somnolientos, al servicio del gobernante de Génova. Llegó François Grimaldi y comienza la leyenda.

8 de enero de 1297. Día de los pérfidos bucaneros italianos, capaces de cualquier hazaña y, luego, de matarse de la risa. Les venían de maravilla los rumbos de la costa rocosa, con sus paredes escarpadas aptas para cometer cualquier suerte de fechorías y correr unas juergas divinas, interminables. Así, le fue tan fácil disfrazarse de monje y colarse entre las puertas de la fortaleza que marcaba el territorio de tres villorrios deslavados, que ni idea tenía del olor a Chanel número 5.

Pasan volando siete siglos y unos añitos, con la historia dando golpes y tropezones. Todavía hoy está vivo ese Estado soberano, de los más codiciados del mundo, que papá grande —signore Grimaldi— fundó en poco más de un kilómetro cuadrado; para metamorfosearse en la santa sede del glamour, el bacará y la ruleta. Mucho champagne y coca para esnifar. Donde la sociedad más pudiente y bien poco pudorosa la pasa rico, tirándose a la vida cachonda. Cobijo consentido del jetset y lo avant-garde. Es una saliente en el mar con el castillo de quienes descienden del ilustre precursor. No más imágenes… En lo tocante a la competición sobre cuatro ruedas, es sede de formidables justas entre los autos veloces. La catedral más afamada de la Fórmula 1, y no hay piloto que no quiera ganar aquí.

Es un enredo. Nelson Piquet lo dijo categórico, que era como andar en la sala de casa en motoneta. Un trayecto entretejido en calles trazadas para coches tirados por caballos. Sinuoso, con elevaciones y bajadas, y hasta con un túnel.

El principado fantástico, alegórico, supercalifragilístico: que es donde han ganado el caché quienes de verdad son los inmortales en el deporte de la velocidad por excelencia.

No hay por qué dejar lejos los sueños, y bueno es ver todas las marcas que marcan al mundo con el visto bueno dado en este mundillo. Los sultanes; las alfombras que vuelan; las princesas que cuentan los cuentos; los existencialistas, los acróbatas, los bipolares; los más excelsos modistas, los joyeros y los traficantes de influencias políticas. Niños del globo: si un día éste, su globo, se va a acabar, no se olviden de pagar el seguro del Ferrari. No dejen enfriar la pasta al dente a la carbonara. Por favor, se despiden de Graham Hill, el Señor de la Costa Azul, con sus cinco victorias.

De las mujeres hermosas

Si tienen un hondo pesar, piensen en ellas. Si tienen ganas de llorar, piensen. Cuando quieran quitarse la vida, piensen. En sus mitos y en sus mitones. Aprehendan. Penetren por la memoria de Anita Ekberg, echando el pecho por delante. Por la de Brigitte Bardot, cuidando a su minino. Y sobre todo, por la de ella, la más nuestra: Romy Schneider, bañándose bichi en La Piscina.

Este es un domingo de Mónaco ¡A resucitar, compadritos!

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