Fuera del paraíso

Biba el piloto inglés Lewis Hamilton con las “B” de bravo y de bárbaro. De bala. Que viva por su formidable discurso de la más alta velocidad interpretado en el Grand Prix de Malasia, el domingo anterior. Cuatro diamantes de la superioridad. Un póquer firmado al ...

Biba el piloto inglés Lewis Hamilton con las “B” de bravo y de bárbaro. De bala. Que viva por su formidable discurso de la más alta velocidad interpretado en el Grand Prix de Malasia, el domingo anterior. Cuatro diamantes de la superioridad. Un póquer firmado al ganar la pole position, que le dio el privilegio de hacer cabeza en la arrancada; luego, la victoria; además, perpetrada de punta a punta, desde los semáforos en verde hasta la bandera a cuadros; también, dando el giro más rápido de la prueba. Es lo que en el metalenguaje propio de la Fórmula 1 se conoce como Grand Chelem. El primero que obtiene Lewis. Y lo hizo a bordo de un auto Mercedes que, casualmente, tiene nombre femenino. Feliz coincidencia.

Mundo de mujeres

El deporte subido en cuatro ruedas tiene su fascinación por la manera en que se implica con el resto de lo importante hasta con lo que no se ve, como es el asunto de las creencias. Esta semana desembarca en Bahrein la Gran Carpa del Automovilismo deportivo supremo, para dirimir la tercera justa de la temporada. El reino bahreinita es una isla en el Golfo Pérsico, cuya mayoría de habitantes observa los mandatos islámicos con mucho respeto, por sus leyes y sus costumbres, cosa que sucede en los países árabes vecinos. Y parecer ser muy bueno.

Pero afuera, el frenesí de la velocidad y la admiración por la mujer combinan de maravilla. No por razones de género y menos por mera frivolidad. Al contrario, partiendo de que son el ser soberano de la civilización. Así lo asentó muy escueto y lleno de sabiduría Günter Grass: “Ellas son la mitad de la población y la otra, sus hijos”.

En las carreras en Inglaterra y en Alemania de julio, debutará la conductora escocesa Susie Wolff, al mando del coche Williams FW-36, durante las prácticas libres de los días viernes, y aparecerá así —de modo oficial— en esta liga deportiva. También está confirmado que la piloto suiza Simona de Silvestro está en el programa de desarrollo de Sauber para conducir más adelante. Dos muchachas que pilotarán autos que corren cerca de los 350 km/h.

No son las primeras en la F 1, lo hicieron antes: las italianas María Teresa de Filippis y Lella Lombardi; la inglesa Divina Galica; también Desiré Wilson, de Sudáfrica, y por fin, Giovanna Amati,otra ragazza de Italia. Fue en años que van desde 1954 hasta 1992. En octubre pasado falleció la madrileña María de Villota, quien hacía parte del equipo Marussia. En julio de 2012, sufrió un accidente severo que la hizo perder el ojo derecho, sus secuelas fueron fatales.

En tiempos de Adán y Eva sí que se justificaba de alguna manera el tratamiento diferente para ella y para él, hasta con derechos distintos, si se quiere. Una mandaba y el otro obedecía. Pero por estos días, cuando se habla de que somos más de siete mil millones de cabezas de bípedos superiores, dotados de inteligencia: es absurdo —por decir lo menos— que argumentando las creencias, a las mujeres no se les permita conducir un auto en la calle. Es como si no se dejara a los hombres participar en cosas del hogar.

Los roles determinantes, los perfiles fijos: son un asunto obsoleto. Sin necesidad de hacer polémica. Ambos géneros pueden y deben intercambiar funciones con más elegancia y raciocinio, si se han de comparar con los quehaceres del macho y la hembra del resto de las especies. Las cosas cambian, pero aun así, esta prohibición de manejar autos está vigente en Arabia Saudita, a las alturas de la carrera del domingo entrante.

Qué disparate, cuando la pretensión de los seres humanos es al contrario: insertarse en el mundo. Basta con aquella diáspora tan angustiosa que puso a “los primeros padres” fuera del paraíso terrenal y por culpa de una tonta manzana. Vivida esa aventura injusta, ya está dado un argumento suficiente para no aceptar más boberas lamentables ¡Las mujeres al volante!

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