Un buen ensayo

Dinamarca tomó el juego con la misma seriedad que lo hizo México. No escatimaron en intensidad o desgaste.

No pasó de ser un buen partido de preparación. El espectáculo prefirió guardarse en algún lugar lejano al estado de Arizona.

Dinamarca tomó el juego con la misma seriedad que lo hizo México. No escatimaron en intensidad o desgaste. Jugaron de forma limpia permitiendo fluidez y que los dos equipos se ocuparon más de sus intenciones que las del adversario, lo que hubiera podido permitir un juego con opciones si en alguno de ellos hubiera existido mayor imaginación.

México tuvo pocas vías de acceso porque Ángel Reyna no fue tan influyente como lo es de cambio tomando desgastado al rival. Se abusó de Javier Aquino, quien ofreció la parte más bondadosa, ofensivamente, para México. Aldo de Nigris fue poco abastecido; su radio de movimiento fue reducido y en ese sentido se complica establecer un juicio sobre su actuación. Oribe Peralta, fiel a su costumbre, mostró interés en la creación. Constantemente salía de su zona tratando de ayudar aunque en realidad tampoco tuvo oportunidades.

El centro sigue siendo la parte más fuerte del equipo. La capacidad e inteligencia de Carlos Salcido le permite al cuerpo técnico mover piezas a su alrededor. La parte complicada vendrá cuando se tenga que escoger a su acompañante, ya que Jesús Zavala es del entero gusto del cuerpo técnico mientras que nadie frenará el crecimiento de Héctor Herrera. Por si fuera poco, Jesús Molina aprieta el paso en la carrera a la que se incorpora Fernando Arce.

Defensivamente el equipo pasó algunos apuros producto de equivocaciones, algunas de Hugo Ayala, a quien noté precipitado, y por momentos poniendo en aprietos a Francisco Javier Rodríguez, que dicho sea de pasó cedió su lugar al regiomontano para ocupar la central por izquierda, puesto en el que difícilmente le quitarán la titularidad a Héctor Moreno.

Severo Meza dejó su lugar a Paul Aguilar, quien no estuvo a la altura de lo que muestra cada fin de semana en América. Por el otro lado apareció Torres Nilo, a quien debemos elogiar su capacidad física y su oficio defensivo, sin embargo le sigue costando aportar en materia ofensiva, mayormente cuando llega a línea de fondo. Sus entregas de balón no son precisas tanto por aire como por tierra.

En términos generales fue una buen ensayo; rivales serios le ofrecen al cuerpo técnico un campo de visión más amplio.

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