Habrá que meditar
¿Se imagina usted a Dalí si se entera del fin de las corridas de torosen Barcelona, él que tanto amaba la fiesta brava y tanto la pintó?

Pablo Carrillo
La neurona
“Francamente que aún tenemos que meditar mucho lo que vimos el sábado…”
Las grandes coincidencias no lo son tanto, tienen un sentido y un por qué.
Tenía años de no ver a un viejo amigo, muy aficionado a los toros y también a los deportes, que durante algunos años acudía todos los domingos al programa que hacíamos en vivo reseñando y comentando la corrida de ese día en la Plaza México.
Nos encontramos en un hecho casual, en pleno aeropuerto y pactamos reunirnos para estar presentes en las supuestas últimas corridas de toros en Cataluña, pues como usted sabe, el Congreso Catalán decidió prohibir la realización de festejos taurinos en esa Comunidad Autonómica.
Al término del triunfal festejo del sábado, en el que el Juli, Manzanares hijo y Morante de la Puebla habían encendido como un volcán el coso taurino, ahora en extinción, francamente que como bien me lo dijo Pedro Egea, había que meditar con calma todo lo ahí acontecido.
Al margen de la polémica que hoy se ha generado, donde todo inició entre los partidos políticos, los del PP, el partido de derecha, ahora defiende a la llamada Fiesta Nacional, como le denominó Franco, y los de izquierda y los separatistas de España enarbolan la bandera de la prohibición; de la intolerancia.
Recuerdo las palabras de un catalán que estaba afuera de la Plaza Monumental la tarde del domingo, le pregunté por la Avenida Diagonal, me dio direcciones y aprovechó para aclararme que él nunca había acudido a los Toros, pero que se manifestaba por la libertad de elección, por la pluralidad, que por eso estaba ahí.
¿Se imagina usted a Dalí? Uno de los más grandes artistas plásticos catalanes, si se entera de esto, él que tanto amaba la fiesta brava, y tanto la pintó; se volvería a morir.
Mientras, el debate en cuestión parece no haberse extinguido. Los taurinos en España recopilan medio millón de firmas en unos documentos donde se incluyen todos los datos de los interesados en que la tauromaquia sea declarada patrimonio cultural de ese país, llevan más de trescientas cincuenta mil y la cosa parece tener aún varios capítulos por delante.
Lástima que, tal como acontece en nuestro país, resulta un tema más de interés político, que los genuinos intereses de los ciudadanos.
Existen muchos que están en contra de los festejos taurinos y que con dejar de acudir a las Plazas de Toros, dejan muy claro su punto, el fondo es la libertad de elección, tal como ha sucedido en esa ciudad hace 300 años y en ese coso, la Monumental 99.
Por lo pronto, me quedo con las grandes faenas que ahí presencié el fin de semana pasado.
Lo de Morante, el Juli, Manzanares y José Tomás, habrá que meditarlo, tal como se paladea, sorbo a sorbo, un buen vino tinto de la región de Penedés.