Transitoriedad

El periodo del campeón es perecedero, casi efímero.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El negro Usain Bolt se oscureció en los 100 metros lisos como en un eclipse de Sol y el domingo al finalizar el atletismo en Daegu, Corea del Sur, mostró en todo su esplendor el blanco fisiológico de su mazorca de dientes, como copos de nieve, al romper el récord mundial del 4x100 m en 37.04 segundos, un promedio de 9.126 segundos. Los cuatro sprinters jamaiquinos corrieron como demonios en una exhibición de rapidez y fantasía ligera, con una diferencia de casi 15 m sobre la cuarteta de Francia lo que levantó las olas de admiración en las tribunas. En la segunda curva Johan Blake, el actual monarca del hectómetro, cronometró ¡nueve segundos! El reloj todavía tiene muchísima cuerda, una cascada de tic-tac, en los límites humanos.

La carrera atlética comunica electricidad al espíritu; el récord, sorpresa, admiración. Cuando cae un RM son dos oleadas las que estremecen las gradas; con la primera se disfruta la alegría de la victoria; con la segunda, el acontecimiento único, singular de la prueba. El RM es el testimonio de un esfuerzo excepcional de alta clase, sello del proceso evolutivo, de la alquimia del atleta-entrenador.

Sólo un récord mundial se destrozó en Daegu en una fiesta muscular que llenó de alegría el corazón. ¿Es necesario el RM en una Campeonato Mundial o en unos Juegos Olímpicos? Dejemos ahí la pregunta. La respuesta ni siquiera tiene trascendencia.

La lucha en la esfera del superior rendimiento presenta las dos fases de la naturaleza, una hermosa y otra cruel; se manifiesta como la luz y el trueno del rayo. Y la victoria la alcanza no el más fuerte, ni el más inteligente, ni el más audaz, ni el mejor preparado, sino el que mejor se adapta a las condiciones y circunstancias volátiles y aleatorias de la lucha en ese pequeño espacio de tiempo. En la cresta de la ola hay un burbujeo evanescente.

El periodo del campeón es transitorio, casi efímero. Qué tremendamente difícil es la lucha directa: sólo dos atletas de Osaka 2007, en 21 pruebas, refrendaron título en Berlín 2009. Sólo dos monarcas de Atenas conservaron su corona en Beijing. ¿Debemos asombrarnos de que Bolt, Isinbayeva, Wariner, Merritt, Semenya, Dayron Robles, Xiang Liu, Vlásic, pierdan o sean derrotados? En Daegu, seis hombres y tres mujeres se mantuvieron en el trono. Surgieron 32 nuevos campeones. Cerca de 35 rostros se bañarán por vez primera en oro en los JO de Londres. Son los mismos y lo harán entre los grandes astros. El atletismo es vida y renovación constante.

El triunfo de Bolt en 200 m (19.40), el de los kenianos Abel Kirui, en maratón y Kemboi en el steeple, el de James Kirani, gana el título de 400 m a los 18 años con 361 días; la doble victoria de la keniana Cheruiyot en 5 y 10 mil, la de Campbell sobre Jeter en 200, de Savinova sobre Semenya, y los éxitos rusos en caminata, triple corona de Kaniskina y doble de Borchin sean lo más relevante.

Hay aspectos técnicos notables. Rudisha, campeón de 800 m cerró el segundo 400 en 52.58. Mohamed Farah, 52.62 el último 400 en los 5,000m; e Ibrahim Jelián el último 400 en 10,000 en 52 alto.

Los resultados de México revelan que trabajan mal los de pantalón largo, los entrenadores y los atletas. Alberto Salazar, de EU, ha logrado mucho más que todos los citados en menos tiempo.

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