Disciplina antes que medallas

Komen elevó al más alto nivel la lucha en pruebas largas entre kenianos y etíopes.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El keniano Daniel Komen fue una de las grandes luminarias del atletismo moderno. A mediados de la década de los 90 tuvo actuaciones espectaculares que conmovieron por la calidad del esfuerzo a la gran masa de aficionados.

A fin de pulsar la clase de Komen, rememoremos: hace 57 años, el doctor Roger Bannister, en la pista de Iffley Road, en Osxford, Inglaterra,  (6 de mayo de 1954) con la ayuda de los conejos Chris Chattaway y Chris Brasher, corrió la milla (mil 609.34752 metros) en menos de cuatro minuto: 3:59.4. Un cronometraje inconcebible para la época. La actuación de Bannister fue calificada de milagrosa y comparada con escalar el Everest; estaba reciente la impactante hazaña del neozelandés Sir Edmund Hillary en la cordillera del Himalaya.

Los sistemas de acondicionamiento físico, la técnica, la tecnología, el soporte de la ciencia cambió en los últimos años. No obstante, hace ya casi 14 años que Komen asombró al mundo del atletismo al correr, no una, sino dos millas en menos de ocho minutos. El 17 de julio de 1997 cronometró 7:58.61 en la pista de Hechtel, Bélgica.

El récord de Bannister duró apenas 46 días, pues el australiano John Landy rompió la marca en 3:58.0 el 21 de junio de 1954, en Turkú, Finlandia.  Mientras que después de casi tres lustros, ahí está la plusmarca mundial de Daniel Komen como un desafío al espíritu humano. Rompió el récord de Haile Gebrselassie, que era de 8:01.08.

Komen elevó a los más altos niveles la lucha a muerte que sostienen en las pruebas largas kenianos y etíopes. Su objetivo era Gebrselassie y los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Sobre los atletas de estas razas que habitan en el Valle del Rift se extiende un abanico de opiniones, reales, irreales, míticas, absurdas. Los entrenadores coinciden en que los cuerpos delgados y elásticos, en combinación con los entrenamientos en las alturas, a campo traviesa, la voluntad y la disciplina férrea, son la clave del éxito. Su entorno de poco confort y la costumbre alimentaria frugal influyen en su salud y su proyección deportiva.

Komen escaló otros Everests, pero no pudo treparse al podio de los Juegos Olímpicos. El jefe del equipo de Kenia, entonces el célebre Kipchoge Keino, ganador del oro en los JO de México en los  mil 500 m lisos con el crono de 3:34.9  en Ciudad Universitaria, lo convocó a una reunión con el equipo nacional. Komen, con éxitos notables en Europa, que le auguraban una presea en Atlanta 96, no asistió. Y lo hizo con la seguridad de que en Atlanta triunfaría. Llegó a la sede olímpica, dispuesto a competir.

-Estoy listo para vencer a los etíopes y ganar una medalla- le dijo a Keino.

-Estás bromeando.

-No. Tú mejor que nadie, sabes que antes que las medallas está la disciplina- concluyó Keino.

Komen siguió con su estela de éxito: RM en Rieti en tres mil en 7:20.67; RM en cinco mil metros, 12:39.74 en Bruselas que aún es la tercera mejor marca de todos los tiempos.

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