Fracaso anunciado en la UNAM

La fama, sin una base cultural deportiva, jamás arrojará frutos.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

En la década de los 80 el deporte de la UNAM empezó a declinar en actividades de tanta clase y prestigio como la natación y el atletismo. Probablemente haya alcanzado su punto más importante con motivo de los Juegos Olímpicos de Roma 60. Después, con la desaparición de personajes que eran ejemplo de entrega e identidad con los colores de la UNAM como el maestro Manuel Herrera, el profesor Jorge Molina Celis, el profesor Medrano y un puñado más, la fuerza que los universitarios tenían en la pista y en la pileta se fue adelgazando sin que las autoridades hicieran algo por evitarlo.

La presencia de futbolistas en la Dirección de Actividades Deportivas de la UNAM como Luis Regueiro, Manuel Negrete y Arístides Llaneza, quien se presentó ante la prensa deportiva en fecha coincidente con una entrevista que hizo a Raúl González, entonces artillero del Real Madrid, a manera de carta de presentación y actualización deportiva, terminaron por hundir prácticamente al deporte puma. Futbolistas sin idea de lo que es el deporte como sucedió con tinte patético con Carlos Hermosillo en la dirección de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, su incapacidad lo reventó; trabajó sin programa y con la promesa ilusoria, alucinante, un embuste, de las 15 medallas en los Juegos Olímpicos de Londres. Imagen, fama pero sin ninguna clase de estudios en materia de deporte y de Educación Física. La fama, sin una base cultural deportiva, jamás arrojará frutos.

Uno de los problemas de nuestro deporte es que los puestos clave son ocupados por el dedo de la política, el compadrazgo, las relaciones, la ignorancia y por ese desdén de considerar y tratar al deporte como mercancía o actividad de tercera categoría. No escapa la UNAM a esta inercia que baña al país. El doctor José Narro Robles, rector de la UNAM, sin duda es una persona inteligente, culta, pero insensible al desarrollo del deporte universitario, como un sordo a la música de Mozart; no hay que confundir deporte con el equipo Pumas de futbol. Lamentable que su compromiso con la población deportiva universitaria no esté vinculado como en el campo de la cultura, la ciencia y el arte.

En los albores de la década de los 70 el pensador José María Cagigal, que tanto influyó con sus ideas en la proyección del deporte de España, escribió: “El drama actual del deporte es que los estudios serios que sobre él se hacen no son conocidos, no ya por la masa de aficionados, sino por la gran mayoría de informadores, ni siquiera por los dirigentes deportivos ni políticos responsables. Aquí la ignorancia no se queda en la masa sino que invade esferas de altos responsables. Hay todavía algunos países donde los altos cargos directivos del deporte están ocupados en su mayoría por gente sin formación en materia deportiva o de educación física. Es el terreno abonado para teoría desfasadas, sin entronque ninguno con la abundante y seria ciencia que ya a estas alturas existe en diversas partes del mundo sobre la materia”.

Llega al deporte de la UNAM Severino Rubio, profesor de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia desde 1981. Lo cual significa un fracaso anunciado. En la Universidad cabe todo, menos lo absurdo, como dijo don Alfonso Reyes.

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