No es consuelo
Alcanzar las semifinales en un Mundial y caer ante Brasil no puede ser visto bajo ningún concepto como un fracaso.
México liberó el nerviosismo después de diez minutos de dominio brasileño en el que intentó con un disparo de media distancia que contuvo Rodríguez. Después, nada que no hayamos visto por parte del equipo mexicano a lo largo del torneo cambió: un equipo ordenado defensivamente, que se coordina de forma eficaz desde el medio terreno con sus dos recuperadores, pero sin mucha claridad al frente. Fueron disparos de media distancia lo mejor en cuanto a generación ofensiva, y una jugada que el Cubo Torres fue rebasado por la vanidad al intentar tocar con demasiada sutileza en lugar de probar con un disparo potente.
Un par de aproximaciones brasileñas y se terminó el primer tiempo... partido parejo.
Después México fue construyendo con cautela, no miedo, que es distinto. Inteligente, capaz y maduro. Volvió a mostrar que Brasil no asusta, que esos tiempos quedaron atrás. Que es recuerdo, sólo eso. Y claro que es futbol y cualquiera podría ganar y para aspirar a ello, no se puede estar tan errático como se estuvo la noche del miércoles. Las opciones ofensivas generalmente escasean ante Brasil en cualquier categoría, por eso perdonar, es casi siempre sinónimo de perder.
De ninguna manera podemos hablar de falta de carácter o pánico escénico. Y esto lo respaldan los números. Nada casual es que, de la Copa Confederaciones a la fecha, México ha dominado a los brasileños: son ya 11 enfrentamientos de los cuales México ha ganado siete, perdido dos por el mismo número de empates. Completamente diferente a lo sucedido de 1950 a 1999, cuando Brasil obtuvo 18 triunfos en 25 oportunidades. México ganó dos y empataron en cuatro ocasiones.
Sin ánimos de consuelo ni justificaciones, pero a pesar de la derrota, México cumple con una destacada actuación en Colombia.
Claro, aún está la posibilidad de colgarse del tercer puesto y habrá que pelear con dignidad para obtenerlo, pero alcanzar las semifinales y caer ante Brasil, no puede ser visto bajo ningún concepto como un fracaso.
Todos queremos acostumbrarnos a ganar, pero hay procesos de aprendizaje que deben aprovecharse, y éste, sin duda, será vital en las carreras de cada uno de los seleccionados mexicanos.
