El legítimo derecho a soñar

Contra Brasil será una durísima prueba para el Tricolor Sub 20, pero su deseo de ser campeón le permite superarla.

Nadie les puede arrebatar el derecho de soñar, al fin y al cabo han mostrado que hay elementos para hacerlo. México ha enseñado su mejor cara ante los anfitriones colombianos, lo hicieron mayormente en el segundo tiempo donde exhibieron carácter, personalidad, fortaleza mental (sobre todo después del error de Rodríguez) y un futbol colectivo del nivel requerido en estas instancias. La pasada colaboración establecía que había que ganar sin importar las formas, pero que las victorias no llegan por casualidad y sin un trabajo que las respalden, que era necesario mostrar una idea de qué se pretendía en el terreno de juego, y eso fue precisamente lo que mostraron ante Colombia

Toca Brasil, sí, ¿y? no son tiempos para asustarse con los colores del rival, todos creemos haber superado esa etapa de carga sicológica. En el futbol actual los equipos que trabajan seriamente tienen legítimos argumentos para aspirar a ganar, y aunque siga habiendo estaturas en este deporte, la juventud mexicana ha demostrado que no deben llevar (ni llevarán) la historia a cada uno de sus casilleros para abrirla y que se las restrieguen en la cara. No, claro que la conocen, pero no fueron parte de ella y por lo mismo han sabido marcar caminos distintos.

Dicen los que conocen a profundidad a la Sub 20, es decir, muy pocos, que el equipo a penas juega al 70% o 75% de su capacidad, y a estas alturas del torneo esto tiene dos ángulos: el positivo tiene que ver con 25% de posibilidad de mejora, porcentaje suficiente para hacerle el partido a cualquiera. El negativo: es muy difícil alcanzar el clímax futbolístico ante un rival de tanta jerarquía como lo es Brasil, será una prueba durísima, pero sus deseos son genuinos.

Así como de genuino es el futbol desplegado por Guadalajara que, ante Morelia, le rindió homenaje al futbol total, tan alejado de la realidad mexicana. Muchos dirán que exagero, pero el futbol que practican las Chivas, y que alcanzó un nivel muy elevado ante Monarcas, merece reconocimiento. La victoria vale, por supuesto que sí, pero hacerlo como lo hizo, con un juego vertiginoso, ambicioso, de pleno convencimiento y conocimiento de las formas, merece ser resaltado. Raro que un equipo llegue a estos niveles cuando consideramos que es temprano en el torneo, o al menos cuando se juega la primera etapa.

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