Copa América insípida

Uno de los torneos más pobres en calidad que me ha tocado ver, aunque claro, siempre está la Copa Oro.

Es razonable pensar que los equipos de futbol que antes eran castigados severamente en el terreno de juego por las grandes potencias, ahora ya no lo sean tanto. Lo mismo creer que las distancias ya no son las mismas y que la condición física se vuelve requisito indispensable si se aspira a competir de forma digna.

Que los “chicos” crecen, anhelan y, eventualmente, se lleven las portadas como protagonistas de las sorpresas.

Nadie se pelea con esas ideas, la competitividad es necesaria y genera que nadie se quede estancado si tiene como objetivo trascender. Pero para todo hay formas y perspectivas, y un buen ejercicio podría ser la Copa América de Argentina, uno de los torneos más pobres en cuanto a calidad se refiere que me ha tocado ver; aunque claro, siempre salta a la vista una Copa Oro como referencia de que siempre puede haber algo peor.

Venezuela confirma que lleva años trabajando bien y que eso le otorga beneficios cuando compite, ahora sí, de tú a tú. Ha hecho un buen torneo y sin ser necesariamente un equipo medroso o mezquino. No se refugia en una ratonera ni tampoco le podemos decir oportunista. Los resultados que ha conseguido los buscó con una base aceptable, tomando en cuenta el tamaño que tiene históricamente.

Perú aprovechó que le tocaba jugar contra México. Sacó sus tres puntos y se clasificó sorpresivamente a cuartos de final, fase en la que ganó con justicia a Colombia y se despide con un juego digno ante Uruguay, en el que si bien nunca se hizo amo y señor del partido, ofreció más de lo que esperábamos; aunque todavía no se pueda hablar de un crecimiento generacional y un nuevo equipo peruano. Aún no.

Paraguay viene confirmando dos cosas: su fortaleza defensiva, y un equipo disminuido ofensivamente hablando. La ausencia de Salvador Cabañas les sigue haciendo cierto daño a pesar de tener nombres de reconocimiento global como Roque Santa Cruz, Valdez, etcétera.

Uruguay, único instalado en la instancia final del torneo (al tiempo en que se escribe esta columna) deja muy en claro que lo conseguido en Sudáfrica 2010 no se lo debe al destino, suerte o a la casualidad. Años de trabajo y continuidad en la dirección técnica avalan el notable crecimiento de un país ganador por historia. A la “Garra charrúa” hoy le acompañan individualidades de altísima calidad tanto en defensa como en ataque, y un futbol colectivo que basa su estabilidad en zona trasera.

Ningún equipo está cerca de la espectacularidad, y quizá tampoco les corresponda este peso, ya que históricamente, esa responsabilidad debe recaer en Argentina y Brasil, los que pensábamos serían animadores de un torneo al que le ha faltado calidad, intensidad (bien encauzada) y lucidez.

Me gustan las sorpresas, pero me desagrada que se afirme que no se necesita de las potencias para que los torneos tomen otro sabor.

Temas: