Que sea Maradona

En las transmisiones de la albiceleste, hay una cámara que lo sigue sólo a él. Una locura. Acoso, diría yo.

Se lo han comido vivo. Hay algo en los argentinos que aún no digieren del mejor jugador del mundo. Programas de televisión y radio hablan de él más que de la  Selección Argentina. Les irrita que no cante el himno; verdaderamente les enfurece, les hace sentir que no siente amor por el país que lo vio nacer. Que si agacha la cabeza, que si se ríe, que si no voltea a ver a su compañero, que si hace muecas, un paso a la derecha, tres a la izquierda. Cuántas veces escupió en el terreno de juego; que si la tocó con la izquierda o con la derecha. Le cuentan todo. No le quitan la mirada de encima. De hecho, en las transmisiones de la albiceleste, hay una cámara que lo sigue permanentemente; sí, sólo para él. Una locura. Acoso, diría yo.

Juega por Argentina pero no se hizo futbolista en este país, y ese es uno de los grandes reproches de la gente, de los medios; eso sienten pero no lo dicen. Fue el destino y nada mejor que haberse criado futbolísticamente en el mejor club del mundo y jugar en el mejor equipo del mundo y quizá de la historia, pero no, eso no le viene bien al argentino, porque le gustan las cosas hechas en casa, con su sabor y sus distintivos.

Quién iba a pensar que Argentina, la gran generadora de talentos, tan orgullosa de su historia y presumida de su actualidad (importa poco si es o no buena, igual la presumen), cifraría sus esperanzas en un solo jugador. Y claro, es el mejor del mundo, pero para una nación futbolera ciento por ciento, resulta irónico. Porque así es: entre Batista y Lionel Messi se han llevado todos los señalamientos y críticas del mundo. Si a esas vamos, cabe en el caso del entrenador, no así en el del 10 argentino.

Esuchó, digirió y finalmente se animó a aparecer frente a un micrófono para hablar; para aceptar críticas y toda clase de preguntas. Dice que las críticas le fortalecen, que las asume con responsabilidad a pesar de no compartir la mayoría de ellas. No se altera ni cambia el semblante... sólo responde. Le piden que haga goles y genere las jugadas, que él solo saque de la crisis colectiva que vive en términos de futbol este equipo. Que ordene, que ponga la calma o se convierta en el hombre que pueda revolucionar un ataque plagado de figuras, pero sin encontrar el rumbo. Le exigen que de su mano vuelva a alimentarse una selección que cumple 18 años sin ganar absolutamente nada y que ha visto a Brasil levantar toda clase de copas, y a Uruguay retomar el lugar que la historia le demanda. Le piden, básicamente, que se convierta en un nuevo Maradona, y que se logren objetivos que no se han cumplido con cientos de jugadores que han vestido la camiseta albiceleste.

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