Maduro, el apóstol

Yuriria Sierra

Para nadie es noticia que a Nicolás Maduro le costará mucho, aun ganando la elección de presidencial, liderar a un chavismo sin Chávez. 22/03/2013 01:56

Maduro, el apóstol

El próximo 14 de abril se juega la Presidencia de Venezuela. Nicolás Maduro, aunque constitucionalmente no podía ser candidato, va por el lugar que dejó vacío su comandante. Henrique Capriles repite como cara de una oposición que hoy se encuentra con sondeos de opinión, que dicen que está 18 puntos abajo de Maduro, el que encabeza hoy al chavismo sin Chávez.

Hace unos días, leía en el diario El País el editorial de Gabriel Tortella. Llamó mucho mi atención lo que pronostica en caso de que venciera el opositor: “Si la elección la ganara Henrique Capriles, el jefe de la oposición, la situación se tornaría contra su gobierno. Su victoria sería por la mínima, y se enfrentaría a un chavismo desesperado y unido, trabajando desde el primer día para hacer fracasar al gobierno. La oposición, por su parte, es un conglomerado de partidos que, ante las enormes dificultades que hallaría en el poder, tendería a dividirse. El desprestigio de este gobierno sería muy rápido, mientras que la reputación del chavismo se acrecentaría a los ojos del pueblo, como el recuerdo del héroe muerto....”

Y me detengo justo en esta última oración, “el recuerdo del héroe muerto”, del que Maduro se alimenta para nutrir sus discursos, con el que quiere provocar todo el eco posible para hacerse Presidente. Ya pasó por alto aquello de ser el ‘vice’ sin posibilidades de ser candidato; lo es hoy porque ‘Chávez así lo pidió...’

Nicolás Maduro está llevando la locura chavista a un nivel más allá de la adoración, está intentando hacer de su campaña una suerte de culto a Chávez. Ya no es su presidente ni su comandante, ahora es su Dios, su Dios que le heredó un paraíso de capital electoral y poder político.

Hace unos días ofreció un discurso donde se refirió al presidente fallecido como el “Cristo redentor de los pobres”, para entonces así, bajo su lógica, llamarse su “apóstol”: “El domingo 14 de abril va a ser domingo de resurrección, domingo de victoria popular, domingo de Cristo redentor de los pobres de América y (...) me van a hacer a mí, Nicolás Maduro, hijo de Chávez, Presidente constitucional...”.  ¿Y entonces así tendrían completa a su Santísima Trinidad: Padre Chávez, hijo Maduro y Espíritu socialista?

Para nadie es noticia que a Nicolás Maduro le costará mucho, aun ganando la elección de presidencial, liderar a un chavismo sin Chávez, o sea, liderar un sistema político donde deje su propia marca bajo la sombra de Chávez. Maduro es candidato, podrá ser Presidente, pero siempre se lo deberá a su comandante.

Ayer sabíamos de madurodice.com, una página web que contabiliza las veces que Nicolás Maduro, desde la muerte de su comandante, ha pronunciado el apellido Chávez. Hasta ayer, según esta página, van tres mil 596 veces. Seguramente serán cinco veces más, al menos, de aquí al día de la elección, pues sabe cómo capitalizar su adoración por Chávez, sumado a la vulnerabilidad de los chavistas que se quedaron sin líder, para echarse a la bolsa una Presidencia y así llevar, entonces, a Venezuela por iguales y, seguramente, más bacheados caminos que los que han andado en los últimos 14 años. El sueño bolivariano construido sobre la locura de Chávez, al parecer será ahora llevado por el culto que a ésta quiere rendirle su autonombrado ‘apóstol’.

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