Diez años

Yuriria Sierra

En aquel entonces, México hizo un gran papel mediando entre la postura estadunidense y la influencia de las Naciones Unidas. 20/03/2013 02:46

Diez años

Muchos entienden a la guerra declarada por Estados Unidos a Irak, hace exactamente diez años, como una de las grandes falacias de la historia contemporánea. Desde aquel trágico 9-11, el más devastador episodio terrorista de nuestro vecino del norte, el gobierno del entonces presidente George W. Bush no descansó sino hasta convencer a sus aliados de comenzar una invasión sustentada en algo que se empeñaron en asegurar que existía, pero de lo que nadie vio jamás una pista: armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

Una guerra a la que se le denominó “Operación Libertad Iraquí”, que tuvo un costo de alrededor de cinco billones de dólares, que sumó cuatro mil 488 soldados estadunidenses muertos y más de 33 mil heridos. Una guerra que a Irak le dejó, contando, más de un millón de civiles inocentes muertos. Una guerra vendida como tal, pero también como un acto inevitable para garantizar, decía Bush, la seguridad no sólo de su país, sino del mundo entero.

Durante el tiempo que duró la invasión (ocho años, ocho meses y tres días), fuimos testigos todos a través de los diarios, de la radio y, sobre todo, de la televisión, en donde cadenas informativas transmitían en vivo los ataques de EU en Bagdad aquella madrugada de hace diez años. Vimos también una de las escenas más fuertes y que marcaría para siempre la historia de Oriente Medio: la caída de aquella estatua de Saddam Hussein, su muerte y con ella, el fin de su régimen.

Recuerdo bien cómo, en esa ocasión, cuando la imagen de un Hussein en la horca daba la vuelta al mundo y llegaba a la redacción del noticiario que en ese entonces estaba a mi cargo en Canal 40, optamos por no transmitir dicha secuencia. ¿Para qué? La caída del régimen de Hussein iba más allá que la imagen de su cuerpo sin vida, que para Estados Unidos era casi un trofeo.

Ayer, Ciro Gómez Leyva escribía en Milenio sobre uno de los momentos cruciales de esta historia. Así lo fue para el mundo, pero sobre todo, para México, pues en todo momento se expresó en contra de esta guerra, poniendo en peligro su relación diplomática con Estados Unidos. Con Adolfo Aguilar Zínser como embajador de nuestro país ante la ONU y donde ahí mismo presidió el Consejo de Seguridad: “Aguilar Zínser delineó una política que llamaba de los tres principios y explicaba así: ‘Uno, pedimos una solución pacífica; dos, pedimos la legalidad internacional; tres, estamos por la decisión multilateral, porque ninguna decisión debe estar por encima de las Naciones Unidas’. Así se impuso. Estados Unidos fue a la calamitosa guerra sin el visto bueno de la ONU. Un capítulo luminoso para la diplomacia mexicana que, en una situación extraordinaria, actuó con tino. Diez años después puede afirmarse que no se pagó mayor costo por aquella decisión que puso a prueba la relación. No hubo crisis con Washington ni represalias...”

En aquel entonces, México hizo un gran papel mediando entre la postura estadunidense y la influencia de las Naciones Unidas. No dividió, sino que agotó todas las posibilidades diplomáticas que si bien no impidieron la guerra, si logró mantener el peso de la ONU, que se encontraba en uno de sus más álgidos momentos.

Diez años ya, una guerra terminada, una imagen de Estados Unidos que el mismo Barack Obama aceptó no lucía bien ante el mundo (incluso a él le costó casi tres años sacar a sus tropas, una de sus promesas en su primera campaña presidencial)... pero sobre todo, una historia llena de falacias que al tiempo van teniendo más credibilidad que aquellas armas de destrucción masiva con la que sustentaron la invasión.

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