Los peros del fuero

Yuriria Sierra

Legisladores y gobernadores en funciones que han utilizado el fuero como escudo ante posibles consecuencias legales de su comportamiento, por demás ilegal. 16/03/2013 01:45

Los peros del fuero

El asunto del fuero aprobado en la Cámara de Diputados hace unos días, con el que desaparecería esa figura constitucional que se convirtió en herramienta para la impunidad, va de vuelta a San Lázaro. Los senadores regresan la minuta por un error en la Cámara de Diputados.

Leía ayer en un análisis publicado por CIDAC: “La reforma parece responder más a una exigencia popular que a un ejercicio de razonamiento legislativo sobre sus implicaciones. En México, el fuero siempre ha sido visto de forma negativa, como un privilegio que propicia la impunidad. Ello ha contribuido a distanciar a la clase política de la sociedad y a generar respaldo absoluto a este tipo de medidas igualitarias. No obstante, lo anterior evidencia un desconocimiento del propósito genuino de esta institución. El fuero no es un “privilegio”, sino una garantía cuyo objetivo es asegurar el correcto funcionamiento del Estado. Por medio de esta figura se protege el ejercicio de las distintas funciones públicas, al impedir que procesos judiciales frívolos (con motivaciones políticas sospechosas) obstruyan a los funcionarios en el desempeño de sus labores o, incluso, los aparten de la vida pública...”

Y es que de nuevo el cuento que nos han contado tantas veces, apenas ayer sabíamos de otro legislador que ante su evidente futuro inmediato en El Torito, quiso apantallar a los policías que lo detuvieron en un alcoholímetro. Fue Osiel Castro de la Rosa, antes de él, cómo olvidarlo, fue Emilio González, El Niño Verde... y por encima de casos del fuero, utilizado para librarse de El Torito, están aquellos otros de legisladores y gobernadores en funciones que también lo han utilizado como escudo ante posibles consecuencias legales de su comportamiento, por demás ilegal.

La reflexión que hace CIDAC va mucho por ese tono y nos obliga a observar qué tan corruptible es el ser humano, más cuando va tras la búsqueda de poder, que algo creado en su auxilio es salvaje y erróneamente utilizado para su propio beneficio.

Lo que debería ser una herramienta de control para quien trabaja para el país, se ha hecho un instrumento para violar las leyes a todo antojo.

Y aunque el regreso a San Lázaro va por el punto que habla de la inmunidad que le deja al Presidente de la República, a quien sería a la única persona que dejarían con fuero, lo cierto es que la discusión debería ser mucho más sensata, no sólo como un ardid para prometer una campaña anticorrupción (que no es que no haga falta).

Y es que sí, la idea de no tener un solo legislador o funcionario público al amparo del fuero constitucional suena a una buena propuesta, por la culpa de unos cuantos (que ojalá fueran menos) es que este abrigo constitucional está en camino de irse sin que ellos hayan entendido bien cuál era su función.

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