La Iglesia del siglo XXI

Yuriria Sierra

El catolicismo, con la renuncia de Benedicto XVI, tiene que asumir que vive en un momento de muchos retos. En unos frentes, viviendo fuertes crisis... 01/03/2013 00:54

La Iglesia  del siglo XXI

La renuncia de Benedicto XVI, hoy Papa emérito, además del hecho histórico, es también la oportunidad para la Iglesia católica de reformarse, de adecuarse a los tiempos y demostrar que las lecciones que la humanidad y ella, como una de las instituciones religiosas más importantes del mundo,  no las vivieron en vano.

Y es que uno de los grandes lastres, hablando del clero que hasta ayer lideraba en la tierra Joseph Ratzinger, ha sido esa cerrazón que los aferra a preceptos que se han mostrado rebasados incluso por miembros de la congregación. Agotador, pero siempre necesario hablar del tema de sus sacerdotes acusados de actividades pederastas, que, protegidos por tantos años, quedaron impunes, no sé si ante Dios, pero sí ante los hombres. A pesar de ello, no se hablado de un castigo ejemplar para aquellos; se habla, apenas, de un arrepentimiento y, claro, de un perdón.

Ese el tema más sórdido, pero no el único que merece una revisión que ayude a la institución católica a vivir un siglo XXI con la apertura necesaria para aumentar a sus feligreses y buscar el regreso de aquellos que se han sentido decepcionados por las posturas renuentes y vistas casi como un despropósito. Y es que si para 2012 aquellas leyes seguidas por tantos siglos resultan demasiado pragmáticas para la vida cotidiana, resultarán peor con el paso del (más) tiempo.

Y es que está también su prohibición contra el uso del condón y cualquier tipo de anticonceptivo. “Los hijos que Dios te mande...”, suena casi un castigo cuando hablamos de que somos alrededor de siete mil millones de personas en el mundo, viviendo todos bajo condiciones y oportunidades distintas y en un planeta que está sufriendo los estragos de todos nuestros excesos.

Aborto, eutanasia y matrimonio entre personas del mismo sexo. Cada uno distinto, pero concluyéndolos todos en que representan una abominación, a pesar de ese libre albedrío y capacidad racional con la que nacemos y de ese “amaos los unos a los otros” o del mismo Jesucristo, que defendió a una prostituta.

Pero también al interior de la Iglesia como una institución de Estado, que es como se le trata en cualquier parte del mundo; que en su organización no permite que una mujer ejerza el sacerdocio, a pesar de que en otras religiones, como la protestante, las mujeres pueden enseñar la palabra de Dios como lo hace un hombre, que al mismo tiempo puede casarse y formar una familia. Algo también prohibido en el catolicismo y que ha causado semejantes escándalos, como si el amor de pareja a otro ser humano, estuviera peleado por completo por el que se puede sentir por Dios.

La Iglesia católica, con la renuncia de Benedicto XVI, tiene que asumir que vive en un momento de muchos retos. En unos frentes, viviendo fuertes crisis; en otros, siendo grandes interrogantes. Ojalá que esta transición sea aprovechada para que la institución que forma al catolicismo se reforme desde adentro, para que así pueda seguir profesando la palabra de Dios, pero desde un punto de vista más filosófico.

Redes sociales

Comparte tu opinión