Un PAN que no se conoce a sí mismo

Víctor Beltri

Es evidente que en estos momentos, tras la debacle de las elecciones federales recientes, el PAN necesita, más que nunca, cohesión. 18/03/2013 01:51

Un PAN que no  se conoce a sí mismo

Ante la pregunta expresa sobre si buscaría la presidencia del PAN, Josefina Vázquez Mota respondió lo siguiente, al llegar a la XVII Asamblea Nacional Extraordinaria de su partido:

“Yo vengo hoy a la Asamblea como una panista orgullosa de serlo, para mí lo más importante ahora es buscar la fortaleza de mi partido, la unidad de mi partido, quiero ser un factor de unidad en el PAN, porque sin la unidad del partido lo demás no lo lograremos en los plazos y la manera como lo queremos. Así que mi propósito es ser un factor de unidad”.

Es evidente que en estos momentos, tras la debacle de las elecciones federales recientes, el PAN necesita, más que nunca, cohesión. Pero, ¿cómo lograrla? ¿Alrededor de una persona? ¿O alrededor de ideas y conceptos tendientes al bien común, y para los que el poder no es sino un medio?

Carlos Castillo Peraza tenía algunas ideas al respecto que, aunque expresadas hace casi 20 años, no por ello pierden vigencia:

“Tenemos que darle al partido cohesión. En este momento el partido se ha expandido y, como todos los gases cuando se expanden, pierde cohesión. Y es tiempo de poner toda la voluntad (…) en ser factores de cohesión.

“¿Cómo se es hoy factor de cohesión en Acción Nacional? En primer lugar, propiciando la capacitación, que es el elemento esencial de la cohesión de un partido político. En segundo lugar, aceptando la entrada de más moléculas a este gas, pero propiciando las condiciones indispensables para que éstas vuelvan a juntarse”.

Castillo Peraza lo tenía muy claro. Ideas, conceptos, no caudillos. La verdadera base para lograr la unidad en un partido político consiste en tener una sólida línea común de pensamiento, y no en aglutinarse en torno a una persona por su personalidad, méritos o discrepancia con una dirigencia poco afortunada. El modelo de liderazgo caudillista no puede llevar a buen puerto a ningún partido: el ejemplo más claro es la relación enfermiza desarrollada entre López Obrador y el PRD, con los resultados que todos conocemos.

Acción Nacional no necesita de caudillos. Necesita de una reforma radical, que le ayude a recuperar una línea clara de pensamiento que no esté basada en el mero acceso al poder. Necesita, más que nunca, ser responsable y asumir que su propuesta electoral no convence a una sociedad que demanda ética y capacidad de gestión. Asumir culpas, y a partir de ahí reinventarse sin más juniors políticos. Castillo Peraza lo tenía, también, muy claro:

“El siglo XXI será tiempo de responsabilidad, de una ética de la responsabilidad. Esta no es una ética de la inocencia, sino una ética del perdón. Las éticas de la inocencia, que son todavía moda actual, suponen que la persona nunca es culpable ni responsable de lo que hizo, sino que tienen la culpa sus padres, los traumas que les crearon sus maestros, su situación social, su historia: todos tienen la culpa, menos la persona; esta es inocente siempre. Las éticas de la inocencia no perdonan, son las creadoras de paredones o de suicidios.

“En cambio, las éticas de la responsabilidad —que son éticas de la libertad— son también éticas del perdón, de la comprensión, de la reconciliación. Las éticas de la inocencia son las éticas de los juniors de la política. El junior es aquel personaje que puede destruir a su paso todo, porque alguien va a venir después a pagar las facturas.

“En Acción Nacional y fuera de Acción Nacional hay juniors irresponsables de la política. No les importa qué opinan o qué dicen; tampoco qué destruyan o qué aniquilen con su palabra irresponsable; siempre el partido pagará los platos rotos y tratará de reconstruir lo que ellos destruyeron. Pero hoy no es tiempo de juniorismo político”.

Uno de los resultados más polémicos de la Asamblea Extraordinaria es el referente a la forma de elegir al próximo dirigente del partido. Elección directa por los militantes, y no a través de un Consejo Nacional. Apertura a las bases, en vez de primacía cupular. Sobre la apertura, Castillo Peraza reflexionaba:

“Con frecuencia el partido le tiene miedo a abrir sus puertas, y los que están actúan como concesionarios que no aceptan competencia, y empiezan a opinar que ‘¿Cómo fulano de tal va a tener tal lugar, si acaba de llegar?’. Esto es una barbaridad. Resultaría un absurdo que sólo pueda ser el PAN el que ya está en el PAN. El partido es como un cuerpo humano: o cierra la boca, y nunca se va a enfermar, es decir, va a morir de inanición en perfecto estado de salud; o la abre, corre el riesgo de comer y tiene dentro las enzimas para asimilar, es decir, para hacer semejante a sí mismo a lo externo, a lo que llega diferente. Al partido está llegando hoy mucha gente y, seguramente, no llega del partido porque llega al partido.

“Hay que abrir la boca y correr el riesgo de comer, de digerir, de asimilar. Ese es el desafío del PAN para el siglo XXI. No estar con estos criterios de que ‘cuidado, porque vienen nuevos’. Este es el suicidio del partido. Es la seguridad de la muerte. Y yo, a la seguridad de la muerte siempre preferiré el riesgo de la vida”.

Sería prematuro decir qué es lo que pasará con el PAN en el futuro. Lo que parece ser un hecho es que si, en vez de obsesionarse con el poder, leyeran más a los suyos, otro gallo les cantaría.

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