Los terrible 100
Vianey Esquinca
Los detractores de Peña Nieto no pierden la esperanza y consideran que todavía les quedan más de cinco años para que el Ejecutivo se equivoque. 10/03/2013 01:19
Hay una bonita costumbre en México y es contabilizar los primeros 100 días de los gobernantes. Esos días son el equivalente a los terrible twos, como le llaman los estadunidenses a los dos primeros años de un infante o al primer año de casados, en todos los casos ese periodo se percibe como presagio de lo que vendrá después.
Hoy se están cumpliendo los terrible 100 del presidente Enrique Peña Nieto y del gobierno que encabeza. Esta corta temporada se ha caracterizado por los acontecimientos cómicos, mágicos y musicales que han sucedido no sólo a nivel nacional sino internacional.
El Presidente empezó hablándole al círculo rojo. El Pacto por México y las reformas legislativas como la educativa, que fueron acciones muy bien percibidas por los dioses del Olimpo y sus séquitos, se entendían como signo de gobernabilidad y que por fin, el gobierno estaba tomando la sartén por el mango, pero a la gente común y corriente le parecía que ni frío ni calor, ni caro ni barato, no le llegaba al corazón (ni al bolsillo) la trascendencia de esas medidas. Además, la percepción de que la violencia en algunos estados no ha disminuido, tampoco ayudaba.
No fue hasta la detención de Elba Esther Gordillo que los ciudadanos se acordaron de que había un nuevo gobierno. Si el gobierno peñista era capaz de detener a la otrora poderosa líder de los maestros, sin temor a Chucky ni a los antiguos espíritus del mal, entonces había esperanza.
Al gobierno también le han tocado momentos trágicos. En el caso de la explosión de Pemex aunque hubo una respuesta inmediata de las autoridades, hasta el momento el único culpable identificado es el gas metano. Nadie ha sido declarado responsable y parecería que el caso ya está en el olvido.
Y por supuesto ha habido tropezones. Los funcionarios de la Secretaría de Gobernación se hicieron bolas con el número de desaparecidos del sexenio anterior. Cada vez que les preguntaban decían algo así como: piense en un número, multiplíquelo por dos, súmele diez, quítele el número que pensó y verá que no tenemos idea.
Aunque en general el Presidente ha decepcionado a sus detractores que esperaban que cada vez que hablara se equivocara y dijera una sandez, tampoco los dejó sin nada y a mediados de enero, decidió bautizar al Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos como el Instituto de Información y de Acceso a la Opinión Pública de toda la Información Disponible para la Ciudadanía desde el gobierno… y todo lo que se acumule en la semana y en el sexenio.
En esta temporada algunos funcionarios del gobierno federal han gastado el “bono de culpabilidad”. El desorden, la corrupción y las irregularidades han tenido hasta el momento un responsable y no es el gas metano, es la administración pasada. Pero después de un diagnóstico se esperaría que se consigne a los responsables o de lo contrario los actuales funcionarios se vuelven cómplices.
En el aspecto internacional al presidente Peña le ha tocado la renuncia del Papa Benedicto XVI y la muerte de Hugo Chávez. Algunos analistas han dicho que es la oportunidad de México para asumir el liderazgo de la región. El país tiene mucho con qué competir, pues ha demostrado con líderes sindicales como Joaquín Gamboa Pascoe, líder de la CTM, que la inmortalidad sí existe en México y no sólo en Cuba.
Los detractores de Peña Nieto no pierden la esperanza y consideran que todavía les quedan más de cinco años para que el Ejecutivo se equivoque. Están volando sobre el gobierno cual zopilotes profesionales para caerle encima al menor error. Saben que el “nadie está por encima de la ley” puede convertirse en la cacería de “los peces gordos” de Vicente Fox. También que las reformas y el Pacto por México parecen agarrados de un alfiler ante la volatilidad de los partidos políticos. El tiempo será el encargado de darle la razón a alguna de las partes.
