Futbol híbrido
Ricardo Salazar
El futbol mexicano no tiene el mejor organigrama ni estructura, se rige por convenios e intereses ajenos al espectáculo y afición. 12/03/2013 00:30
Enésima reunión de la Comisión del Deporte de la Cámara de Diputados con las autoridades del futbol mexicano para exponer las soluciones que combatan la violencia en los estadios, que son las mismas desde el siglo XX y que se han mantenido en la congeladora.
Desde que la policía escoltaba a seudo estudiantes y porros al estadio de Ciudad Universitaria en la década de los años setenta, la autoridad comenzó a consentir todo tipo de actos vandálicos que se incrementaron con el patrocinio de muchos clubes para la formación de barras que se salieron de control, y que en la actualidad sus integrantes son los únicos que tienen asegurado su boleto de ingreso, dejando al aficionado verdadero en las grandes funciones a merced de la reventa, flagelo controlado también por directivos.
El problema no es privativo del futbol mexicano. Sin embargo, en otras ligas además de castigar la plaza y aplicar una sanción económica, han recurrido al descuento de puntos en la tabla de posiciones, algo que nunca procederá en la Liga MX, que maneja intereses y tiene embargada la honestidad; es algo así como la tabla porcentual para evitar el descenso de los grandes clubes.
Y precisamente el futbol mexicano es un auténtico híbrido. De la Liga de Futbol Americano Profesional se copió el sistema de competenciapara decidir al campeón, con grupos de clasificación y una fase final; de España se importó el torneo de copa cuyo trofeo era donado allá por su majestad el Rey y aquí por la Presidencia de la República; de toda Europa acuñaron la idea de reabrir los registros a fin de cada año natural; de Argentina nos llegaron las barras violentas y la tabla de porcentajes; recientemente los clubes hacen pasillo al cuadro campeón en el encuentro de la primera jornada y separaron a la liga de la federación como sucede en Inglaterra, entre otras.
Pero, para proteger intereses, no se piensa retomar la tabla general para decidir al campeón, no se ha igualado el número de descensos, se minimizan insultos racistas, no se siguen los protocolos que los propios reglamentos dictan para castigar a los jugadores que festejan con ademanes obscenos o técnicos que manifiestan abiertamente discriminación, y mucho menos van a descontar puntos por actos vandálicos que progresivamente fueron disminuyendo la asistencia de niños, mujeres y familias enteras a los estadios.
El futbol mexicano no tiene el mejor organigrama ni estructura, se rige por convenios e intereses ajenos al espectáculo y afición, que son las dos necesidades que en la actualidad pide a gritos la propia liga. Para rescatarlas, necesita aplicar todos sus códigos, incrementar sus sanciones y copiar lo que verdaderamente hacen las ligas premier.
