Perturbadores endocrinos
Raymundo Canales de la Fuente
03/03/2013 00:39
Existe una preocupación en las agencias internacionales de salud y medio ambiente en relación con una serie de sustancias químicas que tienen algún grado de impacto en la salud y desarrollo humano por interferir con el sistema endócrino o de forma indirecta afectando la biosfera y el medio ambiente. Vivimos rodeados de sustancias químicas de muchos orígenes: plásticos, insecticidas, barnices para madera o piedra; los metales de los circuitos integrados, los fármacos, los cosméticos o los aditivos alimenticios son solamente algunos ejemplos.
Al desconocer los efectos en muchos órganos y sistemas, pero partiendo de la hipótesis del posible daño a la salud, las agencias arrancaron una estrategia que pone en relieve; primero, señalar los grupos vulnerables prioritarios: los niños, las embarazadas, las poblaciones fértiles, los ancianos; y en segundo lugar, ordenar los riesgos potenciales de las sustancias químicas en función de la posibilidad de afectar el sistema reproductivo, endócrino, inmunológico y al sistema nervioso central.
Los efectos de estos compuestos dependen de varios factores, por ejemplo la dosis y el tiempo de exposición, por supuesto muy variables y que ha complicado la adquisición de evidencias científicas del daño a la salud, primero se encontraron evidencias claras de la afectación sobre otros componentes de la biosfera, es decir sobre otros organismos vivos.
La definición formal propuesta para un perturbador endocrino es que se trata de “una sustancia exógena (o mezcla de sustancias) que altera las funciones del sistema endocrino y consecuentemente causa efectos adversos para la salud en un organismo intacto o para poblaciones de su progenie”.
Bajo este punto de vista y con el intento de evidenciar los daños, ahora hay hallazgos de daños a la salud humana en diversos niveles, por ejemplo el reciente incremento en algunas zonas del orbe, de problemas reproductivos apunta hacia factores todavía no identificados, pero presentes en el medio ambiente de esas parejas, también se ha documentado el incremento, en algunas regiones, de cánceres endócrinos como el testicular y el de mama, así como tasas globales de fertilidad disminuidas en otras zonas. Se ha podido evidenciar que muchos de los químicos a los que estamos expuestos en regiones industrializadas interfieren con la síntesis de hormonas y, además, se ha demostrado en modelos de cultivo celular que interfieren con el desarrollo y la función de los sistemas endocrinos de los mamíferos.
Nuestro país no está exento, aquí podemos ver una de las epidemias de cáncer de mama, asociado principalmente a la zona fronteriza del norte, la de mayor desarrollo y la que tiene más influencia en cuanto al cambio del estilo de vida, incluyendo la dieta.
Por definición la responsabilidad de la vigilancia en nuestro país, recae en la Cofepris, que tiene muchas otras funciones y difícilmente podrá hacerse cargo a cabalidad de las implicaciones de esta estrategia, por lo que tendremos la necesidad de articular mecanismos coordinados quizá con la comunidad académica y los propios industriales. Es otro tema urgente en salud.
