¡¿Me oyen, me escuchan o me entienden?!
Paola Domínguez Boullosa
La sonrisa y la moderación dan confianza. Es la antesala de una comunicación exitosa. 13/03/2013 01:09
No lo diga… ya sé que le ha pasado. ¿Acaso en su famoso cuarto de guerra? ¿Con sus subordinados? ¿Con sus hijos? O peor aún… en su cama…
No. Usted no habla en ninguna lengua oriental, no. Usted posiblemente carezca de lo que llamamos poder de persuasión, en palabras simples, capacidad de comunicarse. Independientemente de su interlocutor —que de haberlos y haberlas difíciles las hay—, vamos a procurar seguir unas reglas básicas, eso sí, nunca limitativas. Primero vamos a comenzar con la teoría y, después, ya usted le pondrá su estilo y creatividad.
Antes que nada, pregúntese si la idea que desea transmitir es clara, para ello, ha de sonarle —diciéndola en voz alta— clara y, si la escribe —se lo recomiendo— debe entenderla en la primera lectura. Desde ahí… ¡a qué se complica!, ¡bien por usted!, está comenzando a darse a entender a usted mismo y, ¿por qué no?, a regalar un poco de beneficio de la duda a la inteligencia de los demás, felicidades. Ése es el primer paso, nadie puede escucharlo y mucho menos entenderlo, a lo mínimo sólo oírlo, si usted no tiene perfectamente claro lo que va a decir.
Si usted ya lo tiene claro, ahora, tendrá que preguntarse lo siguiente: ¿a quién voy a dirigirme? ¿Cómo, cuándo y dónde? Y por supuesto el ¿para qué?, porque en el para qué habrá resuelto el por qué de su público, sea éste uno, dos, tres o mil. Recuerde que persuadir, a este nivel del que hablamos, busca el cambio de actitudes y opiniones en la percepción y comportamiento de los sujetos, es decir, le permite darse a entender y, por ende, a lograr apoyo en sus solicitudes —por así decirlo proactivamente—.
La persuasión requiere de una serie de argumentos lógicos, y el desarrollo de una explicación sólida. No pretenda que el otro le entienda si no puede siquiera comprender el significado de sus palabras, esto quiere decir: utilice un lenguaje simple y de preferencia muy básico —salvando el tema del que trate—, procure que un menor de edad lo entienda fácilmente. Acompañando a las palabras de uso común —queremos entender— es esencial e imperante que practique dos cosas: la sonrisa y la moderación.
La sonrisa y la moderación dan confianza y eso, créame, es la antesala de una comunicación exitosa, y ya no le digo lo que es capaz de hacer a favor de su instinto de persuasión. Existe también de la mano con lo anterior un elemento que es gran diferenciador entre el buen comunicador y el excelente: ¡la pasión!; sí, ha escuchado bien, si imprime pasión en lo que va a decir es muy probable que ésta se contagie a su público y las cosas se le faciliten… usted sabe de lo que le hablo, de no ser así le recuerdo que debe considerar con máximo interés las necesidades del otro o los otros —es decir, de su audiencia— y otra cosa infalible es que procure transmitir valores humanos positivos, ya sabe, felicidad, honestidad, crecimiento, etcétera.
Por último, y no menos importante, le diré que la persuasión es necesaria, por no decir elemental, en temas tales como el dinero, el tiempo, el trabajo y la ciencia.
Así, le invito a que comience por persuadirse a sí mismo de que puede comunicarse con usted mismo y con los demás, porque en la medida que usted entienda lo que quiere comunicar, el por qué y el para qué es casi seguro que podrá dejar de preocuparse de si lo oyen o si lo escuchan o si lo entienden.
