El eterno salario mínimo

Dice Luis Videgaray que no habría que convertir este tema en una herramienta política, ahora que viene la elección interna, y tiene razón.

COMPARTIR 
Yuriria Sierra 21/08/2014 01:00
El eterno salario mínimo

La discusión en torno al salario mínimo ha llegado ya a todos los estratos políticos. No se quedó sólo en un tema local, como habríamos pensado, dado que quien lo puso sobre la mesa fue el jefe de Gobierno del DF,  Miguel Ángel Mancera. Y claro que está bien. Aunque en la víspera se ve que será un tema que no se resolverá pronto, y no, como desearíamos, casi de inmediato. Nadie en su sano juicio se opone a un incremento salarial. Es lógico. La historia ha contado tantos episodios de lucha sindical y de trabajadores. Ahora con la Reforma Laboral aprobada, los sindicatos la tendrán más difícil para sus tradicionales movilizaciones. Pero el tema seguirá siendo el mismo: el salario no alcanza, el salario no va jamás de la mano a la taza inflacionaria. Las preguntas también seguirán siendo las mismas: ¿cómo le hace un mexicano para vivir de un salario mínimo al día? ¿Cómo le hace si se tiene una familia que mantener, hijos que enviar a la escuela?

Si en ese aspecto nos comparamos con Estados Unidos, comprendemos el porqué del “sueño americano”, pero lo cierto es que éste es también un tema que ocupa la agenda de varios países, no sólo de América Latina, sino del mundo. Hace apenas unos meses, Suiza —un país del llamado primer mundo— discutía al respecto. Allá quisieron establecer un salario de 25 dólares la hora (sí, ¿cuánto?, algo ni soñado en nuestro país), hicieron una consulta (¡Oh!, tan de moda en nuestra oposición) y el resultado fue que 76% de los ciudadanos estuvo en contra de este salario. ¿La razón? Las organizaciones patronales junto a grupos conservadores lograron convencer del peligro que esto representaría: alegaron que un incremento salarial obligaría a los pequeños y medianos empresarios a despedir empleados, pues sólo eliminando plazas de trabajo podrían solventar el aumento salarial. Y puede que tengan razón, porque lo cierto es que, en efecto, las empresas deben mejorar las condiciones de sus trabajadores. Aunque no sólo en cuanto al tema de salario. Por eso, ahora muchas empresas —de cualquier tamaño—  le invierten a programas que mejoran los ambientes laborales y de integración entre trabajadores, el famoso “ponerse la camiseta”, que provoca que los empleados se comprometan. Claro que, para ello, las empresas garantizan seguridad y estabilidad laboral, no sólo con un salario que esté al menos por encima del mínimo, sino con prestaciones que nutran la remuneración que se recibe.

Imaginemos qué podría ocurrir en México con una propuesta como la de Suiza, guardando sus debidas y obligadas proporciones, y con una política bananera como la que tenemos: porque sin escatimar, porque es evidente que hay una disminución en el poder adquisitivo de los mexicanos, de ahí que quienes se oponen a un incremento argumenten que esto generaría un disparo en la taza inflacionaria, como lo declaró la Coparmex. Es cierto también que la propuesta de Mancera sería como regresar a cuando se hacía el famoso Pacto de Solidaridad Económica de Miguel de la Madrid. Lo que nos resulta tener en una esquina a los patrones que juran “presiones inflacionarias”, pero en la otra a Morena, que ya anda movilizándose con una idea de un salario de 100 pesos mínimo por decreto, yéndose mucho más lejos de lo que propone Mancera, en un evidente intento por hacer suyo un tema que no pusieron ellos en agenda.

Ayer decía Luis Videgaray que no habría que convertir este tema en una herramienta política, ahora que viene la elección interna, y tiene razón. Es un acierto del jefe de Gobierno del Distrito Federal poner el tema en agenda —ya hasta el PAN, tan necesitado de temas políticos que atender, está organizándose al respecto—, pero el peligro está en que, justamente, termine siendo sólo tema de campaña y no un compromiso real para resolver uno de nuestros eternos demonios: el salario mínimo mexicano es dos veces menor al de países como Brasil, Venezuela, El Salvador, Perú, Trinidad y Tobago y Uruguay. Es decir, así como en educación, también en este aspecto estamos de lo peor, pero es claro que no se podría resolver de inmediato... que si las reformas traerán mucha mayor inversión y bla, bla... pues, entonces que esta coyuntura obligue a diseñar una estrategia para que el salario —y no sólo los costos o el gasto— se vean beneficiados.

Comparte esta entrada

Comentarios